Alejandro Otero: El artista plástico que reinterpretó el espacio y la luz

0

Hablar de Alejandro Otero es referirse a uno de los más grandes artistas plásticos que tuvo Venezuela durante el siglo XX. Ya sea con sus pinturas, esculturas o vitrales, Otero se convirtió en un creador destacado que logró reinterpretar el uso del espacio y la luz a través de sus numerosas obras. 

Fuente: Globovision

Su origen humilde no le impidió surgir y dejar su huella como renovador en el arte contemporáneo. Ganó el Premio Nacional de Pintura y el Premio Nacional de Artes Aplicadas, ambos en el Salón Oficial de Arte Venezolano, de 1958 y 1964 respectivamente; el Primer premio del II Salón Interamericano de Pintura, Barranquilla (Colombia); y la mención honorífica de la V Bienal de Sâo Paulo (Brasil) en 1959, son algunos de los reconocimientos que recibió a lo largo de una trayectoria que se paseó en el campo de lo irreverente y lo crítico.

Sus comienzos

Alejandro Otero nació el 7 de marzo de 1921 en la población de El Manteco, en el estado Bolívar. Hijo de María Luisa Rodríguez y José María Otero Fernández, un cauchero que falleció en 1923 cuando el futuro artista tenía apenas 3 años.

En 1930, la familia se traslada a Ciudad Bolívar. En 1938 comenzó a estudiar agricultura en Maracay y un año después el joven se radica en la capital para poder estudiar en la Escuela de Artes Plásticas de Caracas entre 1939 y 1945.

En 1944 realiza su primera exposición, junto a César Enríquez, en el Ateneo de Valencia. Gracias a esta muestra el gobierno francés y el Ministerio de Educación de Venezuela le otorgan una beca para ir a estudiar en París, donde se radica a partir de 1945.

En la capital francesa y bajo la influencia de Pablo Picasso, Otero inicia su camino hacia la abstracción. Allí presenta su serie las “Cafeteras”, 48 naturalezas muertas que revelan sus necesidades especulativas y su afán investigativo de la materia plástica.

Este grupo de piezas logró exponerla en la sede de la Unión Panamericana en Washington. Con estas obras regresa a Caracas y presenta su primera exposición individual en el Museo de Bellas Artes (MBA).

En París logra liderar un grupo de artistas conocido como Los Disidentes, cuya actuación es piedra angular del arte abstracto venezolano.

El crítico del arte

En 1949 Otero regresa a Venezuela, pero sus críticas al arte que dominaba al país en ese momento, así como su posición contraria a una enseñanza tradicional del arte, le enviaran de nuevo a un exilio voluntario en París.

Allí arranca su segunda etapa francesa, en la que Otero se siente especialmente atraído por la obra del pintor holandés Piet Mondrian, quien  se convertiría en la fuente de inspiración de sus investigaciones sobre el color.

Llegan entonces sus “Composiciones Ortogonales”, en las que el artista reinterpreta el espacio en función del arte constructivista, teniendo como protagonista a la línea sobre la que coloca distintos planos de color.

Esto le permite abandonar la bidimensionalidad en sus obras, para adentrarse en el campo de la escultura y la vibración del color.


Mural de Alejandro Otero en la Biblioteca de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela (!954)

En 1952 vuelve a Venezuela para participar en un gran proyecto integrador de las artes junto al arquitecto Carlos Raúl Villanueva: la Ciudad Universitaria de Caracas, donde realiza trabajos con diferentes técnicas, siendo su última intervención en 1959, con una Policromía.

En 1954 es nombrado profesor de la Escuela de Artes Plásticas de Caracas, institución en la que permanece dos años y donde inicia un proceso de renovación educativa.

Representante de Venezuela 

Entre 1955 y 1960 desarrolla una de sus principales series, “Los Coloritmos”, donde se aferra a un lenguaje constructivo, en el que el color adquiere pleno protagonismo.

Con una selección de este trabajo representa a Venezuela en la Bienal de Venecia de 1956 y también en la de San Paulo del año siguiente. En 1958 participa activamente en la reformulación conceptual de la Escuela de Artes Plásticas, reiniciando asi su actividad docente.

A partir de 1967 comienza a realizar una serie de Estructuras Espaciales, formadas por una serie de trabajos de gran tamaño al aire libre ubicados en zonas emblemáticas de diversas ciudades del país,como Maracay, Caracas y Ciudad Bolívar, así como en otras capitales internacionales como Bogotá, Washington, México o Milán.

Estas estructuras, realizadas preferentemente en aluminio, integran magistralmente el movimiento y los efectos luminosos producidos por el reflejo del material. De allí nacen emblemáticas piezas como el Abra Solar (ubicado en Plaza Venezuela, Caracas) y el Espejo Solar (ubicado en la Universidad Simón Bolívar, Caracas).

La serie de Embolos vibratorios, llevarán a mediano formato las proposiciones ya formuladas y cumplidas con sus esculturas a escala monumental. En 1986 instaló en la Plaza La Democracia, en el Complejo Hidroeléctrico Raúl Leoni de Guri su Torre Solar.

En 1975 Otero, junto con Miguel Otero Silva y Manuel Espinoza, dio a conocer el proyecto de creación de la actual Galería de Arte Nacional.

El Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (MACC) le consagró a su obra una exposición retrospectiva en el año 1982.

Un museo

Tras su muerte ocurrida en Caracas l 13 de agosto de 1990, la Fundación Museo de Arte La Rinconada asumió, por decreto presidencial, el nombre de Fundación Museo de Artes Visuales Alejandro Otero.

Compartir.

Sobre el autor

Comentarios cerrados.