“En el Columpio” Una propuesta de Micaela Fariña, en el punto justo.

0

columpio-solo

Yo no quiero vecínas con pucheros;
Yo no quiero sembrar ni compartir;
Yo no quiero catorce de febrero
Ni cumpleaños feliz.

 

 

Por Roberto Famá Hernández

Miembro de la Asoc. Arg. de Invest. y Crítica Teatral

Con dramaturgia y dirección de Micaela Fariña se presenta en El Estepario Teatro “En el Columpio” una propuesta que nos plantea una inteligente mirada sobre el complejo tema del amor pasional, el amor por la familia y el amor por el terruño, puestos en conflicto, cuando la vida queda atrapada en la rutina de un pueblo que se marchita.

La historia transcurre en Berreta, pero puede suceder en cualquier pequeño pueblo, de algún lugar en el mundo. La muerte de un habitante, casi contemporáneo, pondrá en urgencia, sobre tres personajes, la inevitable elección, ¿la quietud o el movimiento? ¿Quedarse o irse?

Los tres personajes pasan la mayor parte del tiempo escénico balanceándose en un columpio de plaza.  La metáfora es perfecta, ¿la quietud o el movimiento? ¿Quedarse o irse? Quietos, sentados sobre la hamaca se puede ir y volver quedándose siempre en el mismo sitio. ¿Es así la vida? ¿Es así el amor?

Como en la canción de Sabina, el personaje de Nelly, prefiere el movimiento, no quiere un amor convencional, con flores el 14 de febrero, ni columpios en el jardín, ni vecinas con puchero; ella sueña con una vida propia, elegida y no impuesta por la rutina y las costumbres pueblerinas. Para Marita, en cambio, el amor se parece demasiado al dolor, prefiere la quietud del pueblo y en lo posible en soledad, porque  aunque no le sucedan en la vida grandes cosas, seguramente no vivirá tampoco grandes tragedias. Para Rubén, hermano de Marita, el amor fraternal y el deseo sexual  amoroso se enfrentan. Su actitud de hombre con personalidad adolescente, lo lleva a balancearse todo el tiempo en el columpio de la duda permanente; ¿Quedarse prisionero de la nada, junto a su hermana Marita o abandonarla? ¿Se puede, acaso, ir a alguna parte en busca del amor? ¿Puede uno irse y quedarse quieto en el mismo lugar como sucede en una hamaca?

La acción comienza con los tres personajes en el columpio cantando la canción infantil:

columpio-los-3

Sal de ahí, chivita, chivita,

sal de ahí, de ese lugar.

Sal de ahí, chivita, chivita,

sal de ahí, de ese lugar.

 

 

Pero la chiva no quiere salir de ahí aunque venga el lobo, el palo, el agua…  Otra metáfora perfecta. El conflicto aparece en escena y las tres posiciones comienzan a enfrentarse; Marita que no quiere salir de ahí aunque venga el lobo, el palo, el agua…  Nelly que no quiere seguir esperando a quien la pueda sacar de allí y Rubén que se balancea entre la duda y el miedo.

Micaela Fariña nos plantea una puesta tan inteligente como el texto; los espacios y las cosas se delinean con tiza; son efímeros, se dibujan y desdibujan con la misma facilidad; ¿por qué aferrarse a lo que cambiará de todos modos? Así, lo adulto y lo infantil, se conjugan permanentemente. Un cambio de vestuario, por ejemplo, es aprovechado para plantear la intimidad de dos hermanos, Marita y Rubén, que pueden desnudarse uno al lado del otro, con la inocencia de dos niños siendo adultos, pero, al mismo tiempo,  ella le dice que “no se toque” a lo que él le responde: “si no hago nada”.

Fariñas cuenta con un elenco que entiende el código que ella plantea: son adultos que deciden sus vidas balanceándose en un columpio de niños. Catalina Collardin, Viviana Ghizzoni y Gaston Filgueira Oria, dan vida a Marita, Nelly, y Rubén respectivamente; tres sólidas actuaciones, creíbles, sensibles, donde ninguno se destaca, porque los tres lo hacen, el público aplaude el lucimiento grupal.

micaela-farina

Con la directora, docente teatral  y dramaturga Micaela Fariña hablamos luego de una de las funciones de “En el Columpio” y esto es lo que nos dijo:

Tu obra anterior fue “Bicicletas, o de cómo en movimiento se llega al equilibrio” y cuando una hamaca está quieta, está como doblemente quieta. ¿Es el movimiento y la quietud un tema buscado en tu dramaturgia, o es una coincidencia?

No, seguramente serán cosas que me pasan a mí. La diferencia con “Bicicletas” es que aquellos personajes estaban en movimiento real y concreto, porque iban a lugares específicos, pero ellos estaban más trabados como personajes, eran pensamientos que ellos tenían y que no conducían a nada, pese a que estaban en movimiento real. En cambio, en “El Columpio” parece que están en movimiento pero siempre están en el mismo lugar,  el movimiento entonces es una mentira, la decisión tiene que ser concreta, bajarse, salir, andar e ir a otro lado.

La idea del columpio para metaforizar esto y el diseño del espacio me parece muy acertado. ¿Cómo diseñaste el espacio?

La idea del columpio nace como primera imagen disparadora de la obra y es algo que remite a la niñez, razón por la cual todo lo que esté en la obra tiene que ver con el universo infantil, la tiza, el dibujar, el imaginar los espacios en los que uno está y en los que desea estar.

Aunque esos espacios que desea quizás no existan.

El ser humano es así todo el tiempo. Siempre pensamos que queremos algo más de lo que es hoy. Finalmente es lo que nos va moviendo a tener nuevas experiencias, a equivocarnos, a vivir. Salvo los personajes que deciden quedarse y es una decisión que se toma con alegría. Es la diferencia entre los personajes, los que lo aceptan con alegría y viven así y los que necesitan como circular.

¿Vos tuviste vida pueblerina alguna vez?

No, pero estuve viviendo en el exterior, me fui a estudiar y se cruzó por mi cabeza la duda de estar en Argentina o quedarme a vivir afuera del país. Entonces, mi “Berreta” en ese momento era Argentina. No porque Argentina no me diera posibilidades, sino porque mi sensación era que, a lo mejor, necesitaba estar en otro lado para crecer. Creo que todos en algún momento nos preguntamos si estamos o no en el lugar correcto para cumplir nuestros deseos.

También puede suceder, que aquel que decide quedarse, se encuentra que, quien se va, es su pueblo, porque todo cambia con el tiempo y su pueblo ya no es más su pueblo y no se reconoce en su lugar.

Bueno, es lo que de alguna manera le pasa a una de las actrices, que ella es de Tandil, se fue para estudiar en el 2001 y hoy cuando vuelve siente que no encaja, porque es ya otra lógica. La casa una se la va haciendo a medida que está y se va acomodando o no.

Si bien toda la trama ronda la idea del partir y de la nostalgia, no cae en momentos de tristeza y brota el humor con naturalidad

Yo tengo muchas anécdotas de humor en medio de situaciones tremendas. Porque cuando uno pasa por situaciones difíciles, si está acompañado, rodeado de gente querida, nos pasa que brota el humor. Y los personajes se conocen mucho y saben cómo acompañarse.

¿Cómo le fuiste encontrando el ritmo a la obra?

Bueno, tengo tres actores que para mí son increíbles, que van con todo. Algo de la canción de la chiva ayuda mucho, porque eso los hace entrar en sintonía enseguida, ya como empieza la obra los ubica en un lugar, que los obliga a jugar a pleno y están hamacándose fuerte y hay algo con el viento y de lo físico que colabora un montón para ponerlos en ritmo. Además, estamos desde marzo haciendo funciones y hay algo de los personajes que ya vibra internamente en ellos. Antes de empezar cada función improvisan desde los personajes y se dicen cosas muy propias de cada personaje, de modo que para mí están en el punto justo.

Me despido de Micaela y coincido plenamente, la obra y los artistas, el texto y la puesta, el tiempo y los espacios, todo está en el punto justo. Se la recomiendo, vaya a ver “En el Columpio” jueves a las 21 en El Estepario Teatro.


banner-pie-feria-del-libro-infanto-juvenil

Compartir.

Sobre el autor

Comentarios cerrados.