Entrevistamos a Francisco Civit: Un director que apuesta fuerte y logra sacudir al espectador

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No amo todo el tiempo al espectador,

es más, a veces lo odio,

pero es muy importante,

si yo no pienso en él

no puedo concebir el espectáculo.

 

 

Francisco Civit es actor, director, docente teatral, músico y me atrevería a decir un claro discípulo de Rubén Szuchmacher, sigue sus pasos, como él corre riegos escénicos y los supera por imperio creativo. Lo aburren los lugares comunes, apuesta fuerte y busca sacudir al espectador para que no sea cómodo y se movilice. Ha obtenido distintas nominaciones y premios pero creo que le importan poco. Se lo sabe buen armador de grupos, dicen que siempre va de frente, exigente y buen tipo.

Está concluyendo la temporada de dos obras en ELKAFKA (un poco, su segunda casa) que le han dado más de una satisfacción. Una es “Republiquetas (1816 año terrible)” que le pertenece en coautoría con Gabriel Yeannoteguy, donde nos propone un recorrido mordaz sobre la historia de nuestra independencia. La otra es nada menos que Ricardo III de Shakespeare con una puesta en escena absolutamente arriesgada que se gana el aplauso agradecido del público. Recomiendo fervientemente ambas propuestas.

Con Civit hablamos en ElKafka luego de una función de “Republiquetas (1816 año terrible)” y esto es lo que nos dijo:

En ambas propuestas está el eje temático puesto en hechos históricos en la lucha por el poder. ¿Por qué te interesa la historia?

republiquetas-1La historia es siempre un recorte y lo que sucede en “Republiquetas (1816 año terrible)”  es que hay que construir una Nación; hay un montón de inmigrantes y Mitre necesita construir esa Nación a partir de Pavón, desde que toma el poder y había que crear ese “mausoleo” donde poner a los buenos de un lado a los malos del otro y, entonces, lo que nos llega a nosotros es un recorte un tanto infantil y un poco tieso. Yo recuerdo que en la escuela me costó un montón identificarme con esos tipos, era maravilloso San Martín y maravillosos todos, pero eran muy tiesos. Cuando empezamos este proceso de investigación, nos dimos cuenta que la historia estaba compuesta por hombres y mujeres que arriesgaron la vida, que no fueron del todo prolijos, que tenían mil defectos pero también una idea clara que los llevó a distintos lugares. A pesar de que la historia la escriben los vencedores y que como se la enseña son proyectos políticos, creo que Republiquetas lo que genera es decirnos, ok, la historia nos constituye como nación, lo que nosotros nos contamos, esa parte que decidimos contar, es lo que va a incidir en nuestro presente y en nuestro futuro. En ese punto Republiquetas es una propuesta optimista, porque nos obliga a reflexionar la historia no desde el lugar “nos mintieron, todo es mentira” porque no son mentiras, son puntos de vista, se rescataron ciertos hechos y otros se dejaron de lado y armaron un cuento de hadas. Quizás sea un poco más cruda, quizás sea un poco más cruel, quizás sea un poco más desoladora, pero eso no es malo, eso es poder mostrar que son personas quienes construyeron esta Nación y que todos construimos esta Nación, cada decisión modifica el paisaje y ¿qué podemos hacer con eso? Es la pregunta que planteamos.

En Ricardo III, si bien es un clásico universal y como tal es atemporal, vos le das una pincelada de nuestra historia reciente cuando le agregas al texto, algunas palabras de Galtieri en tiempos de Malvinas.

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Ricardo III es una obra histórica inglesa y a mí la historia inglesa me interesa como me pude interesar la historia egipcia o griega o de cualquier imperio que haya surgido con fuerza y una de las preguntas grandes era, ¿para qué hacemos Ricardo III en Argentina? Y lo que queríamos era tratar de investigar que pasaba con nuestros villanos y fue una decisión neta cuando nos dijimos licuemos a Ricardo; si yo licúo a Ricardo en que no haya un Ricardo y todos los personajes sean Ricardo, el personaje de Ricardo se desvanece y lo que queda en primer plano son Buckingham, los príncipes, la reina, todos los que son sus cómplices en algún momento y después se convierten en sus víctimas. Hemos tenido muchos villanos, lamentablemente, y villanos en serio y ellos nunca hubiesen llegado a hacer lo que llegaron a hacer, sin la complicidad activa o pasiva del resto de la sociedad.

Este recurso de que todos son Ricardo, incluso que las actrices tomen por momentos el personaje de Ricardo, para quién no conoce la obra, podría confundirlo o perderlo un poco. ¿Cómo evaluaste ese riesgo?

Tratamos de seguir una línea y a mí me interesó, dentro del caos que estábamos proponiendo, que la pieza tratase de no alterarse, se hizo una buena traducción, se hacen todas las escenas y se mantuvieron todos los personajes, respetar la obra pero sin dejar de darle nuestra mirada.

Sí, vos corriste un riesgo, y no me cabe duda que lo superaste y queda claro que todos somos en alguna parte Ricardo, pero la pregunta va en el sentido de saber cómo te moviste en ese límite, cómo evaluaste, o mediste el riesgo para poder superarlo.

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Es complicado; para mí el espectador es muy importante y no lo digo para que suene bien, no amo todo el tiempo al espectador, es más, a veces odio al espectador, pero es muy importante, porque si yo no pienso en él no puedo concebir el espectáculo, desde luego que para mí es importante que entienda la obra, a pesar de que sé que le tiro troncos en el camino. Sabemos a priori que la mayoría de los espectadores nunca vio Ricardo III y que vendrá un grupo reducido que leyó Shakespeare o vio otras versiones y quizás no nos preocupa tanto, aunque sabemos que es el que nos va a criticar más, pero al otro grupo mayoritario tratamos de protegerlo desde la puesta y darle las herramientas necesarias para que él se proteja, sabemos que hay momentos en que quizás se vaya a perder, pero por acumulación la va a entender y ahí es donde yo no puedo concebir una puesta sin pensar en el espectador.

En tus obras hay un gran respeto por la sonoridad de la escena, no se reduce a algo menor que acompaña, es una voz más a escuchar. Tus actores también son músicos y algunos músicos son también actores, ¿cómo trabajas esa complementariedad?

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Sí, totalmente, para mí es una necesidad. Entiendo que el teatro tiene tres etapas básicas, una es la literaria, la otra es la plástica y la otra es la sonoridad. Plástica es la escenografía, el vestuario, los cuerpos y como esos cuerpos se expresan, la etapa sonora está en los timbres de voz, en los ataques, en las frecuencias, pero sobre todo en la musicalidad y en el ritmo que no es un compás, sino entender cuál es el “tempo” necesario e indicado para el momento que tiene que ver con la energía escénica y esa energía escénica está muy vinculada a la música. Para mí, por más pretencioso que pueda ser un espectáculo, no deja de ser un espectáculo y tiene que serlo, si no entretiene, si no divierte, no tengo anda que decirle al espectador, después de ahí, sólo después de ahí, voy a tratar de atacar con artillería pesada, porque realmente creo que el teatro es un arte político por excelencia y justamente está generando ese debate en la escena, sino genera debate esas obras me aburren.

Sabemos que el teatro es verbo, es acción y en Republiquetas tenemos un texto que si se quiere es puramente narrativo, plagado de datos, pero que vos lo hiciste perfectamente teatral, ¿cómo lo abordaste para lograr eso?

Sí, con Gabriel, cuando la escribíamos, nos agarrábamos la cabeza y nos decíamos esto es pura información, pero si no contamos esta información la obra no se constituye, entonces no podíamos generar una idea de tres personajes habitando una situación, había muchas formas de atacar el problema, pero luego decidimos que no, nos dijimos quedémonos con la información pura, armemos pequeñas situaciones y sabiendo que Gabriel iba a estar en escena, confiamos en que el resto de nuestros problemas de acción con el relato, lo íbamos a resolver escénicamente. La verdad que Gabriel aportó todo el tiempo en los ensayos para esa resolución. Sabíamos que en sí, Republiquetas es un relato que se muerde la cola, entonces la misma acción dramática era la contradicción dentro del relato y eso se convertía en acción dramática y eso era el motor, lo que teníamos que hacer era colocarle parches situacionales a ese conflicto, generarle pequeñas situaciones a la contradicción para que nos permitiera sostener desde una manera amena, porque la obra trabaja con datos duros y debíamos entregarla al espectador desde un lugar de comedia, amable y así lo hicimos.

Francisco Civit es un generador con mucho talento, que se anima a correr riesgos y a superarlos por imperio creativo. Le sugiero estar atento a su teatro, a cada cosa que le proponga, vaya y  sígalo confiado porque tiene mucho para dar a nuestra escena.

ELKAFKA ESPACIO TEATRAL
Lambaré 866 CABA
Teléfonos: 4862-5439

“Republiquetas (1816 año terrible)” Entrada: $ 230,00 / $ 150,00 – Domingo – 18:00 hs –

Ricardo III  Entrada: $ 230,00 / $ 150,00 – Sábado – 19:45 hs –


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