Entrevistamos a Leonardo López Linares, orgullo de la lírica argentina en el mundo.

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Leonardo López Linares, orgullo de la ópera argentina, pocos días antes de su próxima presentación en el Teatro Colón, nos recibe para una entrevista exclusiva, donde nos da su mirada sobre el mundo actual de la ópera. 

 

Leonardo López Linares es un orgullo de la ópera argentina, desde que en 1993 recibió de manos de Pavarotti  el premio del Concurso Internacional del mismo, en Filadelfia (Estados Unidos). Ha desarrollado una destacada carrera internacional, actuando en las más importantes salas de Argentina y del mundo en roles protagónicos de óperas como NabuccoAida, Rigoletto, Don Carlo, Traviata de Giuseppe Verdi, Pagliacci de Leoncavallo,  Tosca de G. Puccini, entre otros.

En el año 2010 fue distinguido por la Asociación de Críticos Musicales de la Argentina con el Premio “Mejor Cantante Argentino”, acto que se llevó a cabo en el Salón de Las Provincias del Honorable Senado de la Nación.

Su participación en el Arena Di Verona, fue declarada de “Interés Cultural” por la Cancillería de la República Argentina, ya que su paso por dicho anfiteatro como barítono protagonista se produjo después de más de 30 años que ningún otro barítono argentino conquistó roles protagónicos.

Muy pronto, luego de otra exitosa presentación en La Arena Di Verona, se presentará nuevamente en el escenario del Teatro Colón, donde  interpretará, bajo la dirección de Stefano Trespidi, a Giorgio Germont, de la ópera “LA TRAVIATA” de Giuseppe Verdi,  los días 12, 14, 15, 16, 17, 19 y 20 de septiembre.

Tuvimos el privilegio de entrevistar a Leonardo López Linares en su estudio del barrio de Colegiales y esto es lo que hablamos con él:

¿Por qué cree usted que han pasado 17 años sin que en el teatro Colón se pudiera ver “La Traviata” una obra que está asiduamente en cartel en todas las grandes salas líricas del mundo?

Es extraño. Yo lo atribuyo al auge que se inició en el 2000 de ofrecer obras contemporáneas u otras obras no vistas en Argentina, sumado al largo período en que el Colón estuvo cerrado. No olvidemos que en el 2007 fue la última temporada fuerte y después los cambios de direcciones, que implican nuevas políticas de programación. Pero no deja de ser extraño, porque “La Boheme” se presentó más asiduamente que “La Traviata” y “Carmen” también. Yo creo que si programasen “La Traviata” cada tres años, cambiando los intérpretes y la producción, la gente asistiría y llenaría el Colón.

En esta oportunidad la dirección estará a cargo de Stefano Trespedi – nada menos – con quien usted ya trabajó ¿no?

Sí, varias veces. Él está a cargo de la reggie de la Arena Di Verona y es la mano derecha de Franco Zeffirelli y con él hice varias cosas, justamente allí, en la Arena Di Verona. Trespedi es, de alguna manera, el heredero artístico de Franco Zeffirelli. Para esta producción de “La Traviata” que van a ver en el Teatro Colón, Trespedi fue a ver Zeffirelli y él dio la anuencia con mucho gusto, porque ya tiene 96 años y traer una de sus óperas al Colón es muy importante, no sé si no es ésta la primera vez que llega.

¿Cómo es cantar en la Arena Di Verona, un anfiteatro con 2.000 años de antigüedad, como no hay otro en el mundo y ante 15.000 personas?

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El primer día que uno llega dice, acá no se me va a escuchar ni un sonido, porque no es amplificado como todo el mundo piensa, aunque la amplificación lo único que hace es arruinar todo, porque se escucha una reverberación tipo iglesia. Por supuesto que cuando lo hicieron los romanos no existía la ópera, pero está tan bien hecho para oír perfectamente las declamaciones de su teatro, uno declamaba de una punta y otro contestaba desde la otra punta. Ayuda mucho cuando baja la temperatura a la noche, de día es imposible porque te calcinas sentado sobre la piedra, pero cuando baja la temperatura la acústica mejora y desde el año 1913 en que se descubrió que ahí se puede hacer ópera, salvo en los tiempos de la primera y la segunda guerra mundial, nunca faltó la ópera en la Arena Di Verona.

Usted recordará aquel cuento de Borges, titulado “El otro” donde Borges, ya anciano, se encuentra con Borges joven, en el banco de una plaza. Y pensaba que hace 23 o 24 años, usted tenía 23 o 24 años de edad y recibía en Filadelfia, aquel premio consagratorio que le otorgó nada menos que Pavarotti. ¿Qué le diría usted hoy a aquel joven Leonardo, si como en el cuento de Borges, se lo encontrase hoy en el banco de una plaza?

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Quizás, cuando uno tiene esa edad es un poco más inconsciente que ahora. Yo me quedé corto con Pavarotti – y lo digo despojado de cualquier falsa modestia – porque cuando el vino acá, a la Argentina, para la primera gran selección de cantantes, él dijo ante una rueda de prensa que se formó en el Teatro Avenida – porque el Colón le negó la entrada para hacer su concurso, aduciendo que no tenía lugar,  mejor dejémoslo ahí – y en el Avenida Pavarotti escuchó a Marcelo Álvarez, Darío Volonte y entre otros muchos otros cantantes a mí. Se me acercó un periodista de la revista Gente y me preguntó: ¿Vos escuchaste lo que acaba de decir Pavarotti de vos? – No, le dije, y él me comentó: – Dijo que vos sos el barítono del futuro –  Yo no lo creí, más la timidez, el ver a Pavarotti ahí, sólo me acerqué para darle la mano y decirle gracias, porque me mandó directamente a Filadelfia para la final. Yo me tendría que haber colgado de sus pantalones y decirle: “Maestro me voy con usted”. Y pasó un año, donde se habló muy bien de mí, la prensa se hizo eco y, si bien después yo canté con él y me invitó a participar en otras oportunidades, creo que, respondiendo a tu pregunta, le diría a ese joven de 23 años, “dile a Luciano que te lleve con él, cuélgate de sus pantalones”. Pero, de todas maneras, es una experiencia inolvidable haber cantado La Boheme junto a él que fue para mí uno de los últimos grandes con ese sello de tenor propio del Siglo XX

¿Y qué le gustó en especial a Pavarotti de aquel joven barítono?

Creo que el color, creo que a él le gustaba aquel fraseo baritonal, aunque yo en ese momento no tenía los agudos ni la capacidad dramática que tiene mi voz ahora a los 45 años.

Una voz para la que usted prefiere las obras de Verdi, ¿por qué? ¿Qué hay en Verdi?

Verdi, a mi criterio, era quién más conocía de voces. Puccini también conocía mucho, pero era más teatral y le dedicó su creación más a la soprano y al tenor; al barítono lo dejó bien parado con “La Boheme” o con el Barón Scarpia en “Tosca” pero Verdi es para el barítono, todas sus composiciones son una mejor que la otra y en todas cuidando el sonido, cuidando la interpretación. Por supuesto que hay que tener todo el registro parejo para poder hacerlo, las dos octavas o más que implica cantarlo. A mí me gusta mucho Verdi, es lo que más he cantado, el Verismo también, incluido Puccini, me gusta mucho La Gioconda y otras obras que he hecho, pero no hay como Verdi.

¿El duetto de Violetta Valery  con Giorgio Germont, es de La Traviata, lo que usted más disfruta hacer?

Exactamente; tú lo has dicho, el duetto es una obra maestra de Verdi, también lo es Di Provenza il mar, il suol, el área famosa, pero el duetto es la bisagra de “La Traviata”, porque hasta ahí todo es fiesta, alegría, aunque ella tiene la enfermedad latente, pero cuando aparece este personaje Giorgio Germont, es lo que le dispara a ella toda la amargura, es como que le vuelve a despertar la enfermedad, incurable en esos tiempos. Giorgio Germont no es una mala persona como aparece en otros barítonos que interpretan a un padre tirano; este es un padre de la alta sociedad que quiere que su hija, la hermana de Alfredo, se case y no puede tolerar ver que su hijo esté con una prostituta. Pero él mismo, a mitad del duetto, él se da cuenta que ella es una buena mujer, pero no puede dejar de pedirle que deje a su hijo Alfredo y después, bueno, se desarrolla esta otra situación, donde Alfredo le arroja el dinero como pagándole por sus servicios en la fiesta y todo lo que sobreviene después, hasta que ella muere en brazos de Alfredo.

Hay quienes dicen que hay que crear nuevas óperas, con formato mucho más pequeño para que resulten más sustentables económicamente, ¿usted qué opina al respecto?

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No. Yo creo que cuando se acerca la ópera a los niños, porque hay que empezar a acercar a los chicos, como hacía la Fundación Konex en su momento y algo intenta hacer el Teatro Colón al respecto, hay que hacerlo con las obras tradicionales, acercarlos a los grandes compositores. Después de ahí, hay que volver a conquistar a los públicos, porque es muy triste ver los teatros casi vacíos en Italia en invierno y algunos teatros de Francia también – no así Alemania que tiene un público cautivo siempre – pero yo he cantado en la Filarmónica de Verona a media sala y me he preguntado si era porque cantaba yo, no, no me han dicho, antes vino Leo Nucci protagonizando Rigoletto y estaba igual. Todo público de gente grande, hay que conquistar un público nuevo y un público nuevo no se conquista, con todo el respeto que me merece, con Die Soldaten en el Teatro Argentino de La Plata, porque  ahí va el que viene de Trenque Lauquen, que no puede ver ópera seguido, el que puede llevar una vez a su familia y ve eso y dice: “¿Esto es la ópera? No me interesa” porque eso es para gente ya más entrenada en la cultura operística. Yo creo que la ópera está resurgiendo, pero a pasos muy lentos, porque la gente que ponen a veces al frente de los teatros, no tienen noción de cómo llevar adelante un teatro de ópera; muchos están influenciados por quienes sostienen que hay que hacer óperas contemporáneas, y sí, claro que hay que hacer óperas contemporáneas, pero si tenés doce títulos; entonces hacés tres de Verdi, dos Puccini, un Bel canto, una ópera francesa, un Wagner, una ópera argentina y después sí, meté una ópera contemporánea, pero si hacés cuatro títulos en una temporada no metás Die Soldaten, porque la gente se va pensando ¿Qué es esto?

Por otra parte, no tenemos tantas salas, algunas cerradas por eternas reformas que nunca se hacen.

Lamentablemente la Argentina es tan grande y funcionan tan pocas salas, una de ellas es el Círculo de Rosario que se solventa por mayoría de anunciantes privados, porque lo que recibe del gobierno santafecino es muy poco, pero hacen dos o tres títulos por año de ópera, más una temporada sinfónica y es el teatro en el que más he cantado en mi permanencia en Argentina; Otelo, Nabuco, Pagliacci, conciertos que hicimos con Negri y Luis Lima y, la verdad, debo decir, que Rosario es una plaza muy importante a pesar de la crisis que tiene la economía y es digno de destacar lo que hace la Asociación El Círculo, en un teatro como ese, tan lindo que parece el Teatro alla Scala de Milán por esa acústica que tiene. En Córdoba, otro teatro hermoso, pero lo último que se hizo fue “Tosca” que yo la canté en el 2015, después cancelaron las temporadas líricas. No se entiende que pasa, hay una dejadez, una falta de apoyo a estos teatros que en otras partes del mundo estarían funcionando como teatros de repertorio y tendrían que apoyarlos. Yo sé que primero está la urgencia de la pobreza extrema que hay en este país, pero también está el alimento espiritual y la cultura que hay que cuidar.

También se ha dicho que las transmisiones globales, los vídeos por internet pueden despertar nuevos públicos, pero que aleja al público de las salas, como aquel que se acostumbra a ver fútbol por Tv y deja de ir a la cancha.

Ahí entramos en las razones económicas del público, ahora es todo carísimo, la gente no puede pagar una cantidad de dinero que nunca es poco, cuando le han hecho creer que es lo mismo verlo por internet. Si hubiese entradas populares, la gente se acercaría mucho más a un teatro. Hay que hacer siete funciones de cada ópera popular y hacer dos tres funciones con artistas destacados de renombre internacional y otras con nuevos valores y esas hacerlas directamente con entrada libre, de otro modo es imposible conquistar nuevos públicos.

La zarzuela, que siempre fue un poco la puerta de entrada para el gusto por la ópera y que es un género muy suyo y de su padre, que parece que siempre está desapareciendo, cuando en verdad siempre está volviendo en algún escenario importante, ¿cómo ve usted ése fenómeno de permanencia?

No desaparece, hace poco Plácido Domingo hizo “La antología de la zarzuela” en Verona y estaba lleno por él y después estaba la compañía de Antonio Gades también. Yo se lo dije a uno de los representantes más famosos que hay en Italia del género,  que esto hay que llevarlo por toda América. Aquí, las últimas zarzuelas que hice en el Avenida, lamento decir que ya han pasado diez años, hicimos grandes títulos. Después, hace dos años, quise intentar yo, junto con el dueño del Astral a ver si podíamos hacer algo, pero no hay colaboración, no hay apoyo y no es fácil. Por eso yo hice “El barítono de la zarzuela” en lugares más chicos, los hice en el Centro Cultural 25 de Mayo, en el Setiembre Musical Tucumano, en Tierra del Fuego… Pero, tiene que interesarse un empresario o un organismo oficial.

La dinastía suya, por suerte, tampoco desaparece; su padre y su madre fueron destacados cantantes líricos, usted un barítono de renombre internacional y me han contado que su pequeña hija, Analuz, también canta y muy bien

Ah, sí! Analuz me ha demostrado lo que yo no creía tanto; cuando me decían; vos con tu papá y con tu mamá, los genes… Yo me inspiré mucho escuchando la voz de barítono de mi padre, pero no creía mucho en eso de los genes y todo eso, pero cuando vi a mi hija, que a los cuatro años ya tarareaba canciones completas, la presenté en la Esquina Homero Manzi cantando “Princesita” una vieja canción que cantaba Tito Schipa, y entonces lo creí. El año pasado cantó delante de quinientas personas con una orquesta de Buenos Aires Barroco y yo estaba al lado de ella, pero con siete años, me hacía señas como diciéndome salí de aquí, déjame sola que yo ya lo sé.  Y ahora me dijo, “quiero cantar en el Colón” – Para cantar en el Colón tenés que estudiar mucho – Ah, no! Si hay que estudiar mucho, no quiero” – Pero bueno, ahora ya va a entrar a un conservatorio en Banfield.

Vídeo: Leonardo López Linares en Nabucco de Verdi – 2017 – en la Arena Di Verona

 

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