Entrevistamos a Mariano Dossena, Director de “Los Invertidos” “La que mata es la heterosexualidad”

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Entrevistamos al director, dramaturgo, actor y pedagogo teatral Mariano Dossena y nos cuenta todo sobre sus tres obras actualmente en cartelera: “Los Invertidos” “Carmencita” y “La noche a cualquier hora”

 

Por Roberto Famá Hernández

Miembro de la Asoc. Arg. de Inv. y Crítica Teatral

Mariano Dossena se ha formado como actor y director junto a grandes maestros, como Juan Carlos Gené, Verónica Oddó, Rubén Szchumacher, Antonio Celico y Diego Cazabates entre otros. Es un joven pero ya consagrado director (dramaturgo, docente teatral y actor) que siempre va por más, que trabaja muchísimo y que en los últimos diez años, juro que le he perdido la cuenta de la cantidad de estrenos que tiene en su haber, con muy buenos trabajos que asombran, porque Dossena se mete a veces con obras inmensas que son un desafío enorme para el teatro independiente.

Siempre tiene más de una obra en cartel, a veces hasta 4 simultáneamente y como trabaja mucho y le importa poco o nada (otro acierto) la opinión de los críticos, es muy difícil robarle tiempo para una larga entrevista, como la que generosamente me concediera, café mediante, para una charla sobre sus trabajos más recientes; “Los Invertidos” de José González Castillo, “Una Noche a Cualquier Hora” de Patricia Díaz Bialet  y “Carmencita” de Patricia Suárez y esto fue lo que conversamos:

De “Los Invertidos” mucho se ha discutido si es o no es una obra homofóbica, aunque desde luego, vos no harías una obra que creyeses homofóbica  ¿Cuál es tu reflexión, respecto a esta acusación que se le hace?

Fijate que la obra termina en tragedia, si fuera una obra homofóbica se “curarían”. Está hablando de la no comprensión y como eso, la no comprensión, finalmente no va a buen puerto y termina en tragedia. Veamos que la que mata es la heterosexualidad. Decir que es una obra homofóbica sería como decir que “Medea” está a favor de que matemos a los hijos. Cuenta una historia y toda historia tiene algo de negativo, si no hay conflicto no hay historia. Cuando Alberto Ure la presentó, también se dijo que era homofóbica y la reflexión que dio Ure me pareció acertada, dijo que entonces no se podrían hacer obras que hablen de los nazis porque alguien puede creer que se está aportando a eso y en realidad no es así; uno está aportando una historia negativa en relación a eso y ahí viene la reflexión; si ellos se “curaran” como pretendía el higienismo que lo consideraba una enfermedad, ahí sería homofóbica, pero en la obra termina todo mal.

En quienes la juzgan homofóbica influye mucho también el que, cuando la obra fue prohibida en 1914, en su  pliego de descargo ante el Concejo Deliberante de la Ciudad, para levantar la prohibición, González Castillo hace su “epuur si muove” y asegura que su intención era moralizante.

mariano-dossena-los-invertidos-2Y sí, sale al ruedo con esa, pero entendamos, estaba en 1914, es de avanzada lo que hace Gonzalez Castillo y vale lo que dice en la obra; dice ciertas cosas con las que estoy muy de acuerdo; la homosexualidad no es algo que se elige, me parece que es muy profundo de lo que está hablando, es una condición que uno no puede elegirla.

Si, no es volitiva.

Totalmente, y eso es lo que tiene de iluminado. Mirá, yo ahora justamente estoy estudiando sobre las Constelaciones Familiares y pareciera que González Castillo sabía de las Constelaciones, habla en la obra de un tío del personaje de Flores y como hay algo ahí que vuelve en otras generaciones y por eso me parece que Castillo era de una apertura brillante, por eso sigue siendo actual y la obra resuena.

Castillo rescata y pone en la obra al personaje real de “La Princesa de Borbón” que me parece que es la “primera línea” de la obra, porque en el 14 “La Princesa de Borbón” ya había trascendido socialmente.

Totalmente, sí. La primera línea de la obra está en estos personajes como “La Princesa de Borbón” “La Juanita” y en los sirvientes, tanto en “Petrona” como en “Benito”, ahí está la voz de Castillo, ahí está donde admite que es algo natural.

Cierto. En los dos sirvientes, en los dos proletarios es donde, siendo ambos heterosexuales, no hay censura, como decías vos, lo admiten como algo natural.

mariano-dossena-los-invertidos-destacadaExactamente, es la burguesía la que tiene la doble moral y con el pensamiento de 1914, veamos que hoy hay todavía mucha gente que piensa así, entonces, más crédito para Castillo que hasta ahí llegó, cuando estaba todavía atrás de muchos conocimientos y conceptos que vinieron después. Hay textos en “Los Invertidos” que aún hoy incomodan, por eso es el valor que tiene, y es lo que percibo, que hay algo que sigue pasando con cosas que se dicen en la obra.

Es verdad. Creo que el público no termina de congraciarse ni con el personaje de Clara ni con ninguno de los masculinos, si se logra cierta identificación, es con los dos sirvientes.

Exacto, sí. Es así porque todos los otros personajes están muy tironeados por un montón de cosas, por los preceptos, por la doble moral, porque la obra no habla sólo de la homosexualidad, habla de otras cosas, de la infidelidad, de la hipocresía, de un montón de otras cosas que Castillo pone en discusión.

En el segundo acto, cuando Florez está a punto de descubrir lo que sucede entre Clara y Peréz, si Castillo no fuera Castillo, hubiese desatado el final trágico ahí mismo, pero el decide darle una vuelta más, para lograr ese final extraordinario, que deja, además, un crimen perfecto.

Sí, podría haberle dado un final tanguero, si hubiese querido, pero está escrita como una tragedia griega. Fijate, que en los primeros textos de la obra, que lee el personaje del hijo, te dice lo que va a pasar al final, como en un coro griego, creo que es una estructura perfecta de tragedia griega. Y es como una obra de ibsen, también, que tiene capas sobre capas, una sobre otra.

¿Y cuando vos tenés tan trabajado, con toda profundidad un texto, cómo es transmitírselo a un elenco que convocaste, para que tengan tu misma lectura, cuando por ahí no conocen nada de la obra, porque “Los Invertidos” no se veía en escena desde los 90?

mariano-dossena-los-invertidos-cuadroNo hago mucho trabajo de mesa. En general lo que uno piensa de la obra está en como la va trabajando, las decisiones que uno toma en relación a como dirige a los actores, que cosas quiere poner por delante y que cosas por detrás, creo que ahí es cuando uno comienza a hablar con los actores, pero desde el trabajo, no tanto desde lo intelectual, porque sirve más así. En algún sentido las decisiones de dirección son las que hacen que uno cuente la historia de tal o cual manera. Es una obra muy rica, muy amable para actuarla y para dirigirla, porque en el texto está casi todo, no hay mucho que inventar, el texto ya dicho tiene potencia.

Algunas veces hay escenas que son vitales. En este caso, la escena del final que dura lo que un relámpago y que depende fundamentalmente del talento de una sola actriz, en este caso de Florencia Naftulewicz que es “Clara”, que si falla en ese relámpago que dura la escena se cae todo, si ella no alcanzara el espesor dramático que alcanza, todo lo demás se desdibuja. Y te pregunto, ¿cómo sabés a priori, cuando la convocaste que iba a lograr lo que logra en ese final que es contundente?

Uno confía en la actriz pero también en el correr del trabajo. Un actor, cualquier actor, descubre bien como es, al cabo de muchas funciones, es un trabajo que va sedimentándose, es una obra enorme para recorrer, es de largo aliento, lo que estamos haciendo es casi imposible de hacer en el teatro independiente y la hacemos y estoy super contento, pero son obras para un teatro oficial por todo lo que implica hacerla y eso me entusiasma, hacerla de la mejor manera y con los mejores actores que tengo para contarla.

De las otras obras que tenés en escena,  puede ver “Carmencita” y ahí también, pintas una excelente metáfora de toda esa época, tan de cambios sociales de fines de los años 50, a poco de la caída de Perón, cuando los ferrocarriles dejan vías vacías y la familia, como núcleo central de la sociedad comienza a desdibujarse. Ahí, en esa madre que dona todos a los pobres antes de morir y en los “negros que le donan sangre” hay una metáfora muy sutil de Evita y de esos tiempos de fines del 50.

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Tal cual, sí.  Hay algunas cosas, que yo nunca lo hablé con Patricia, pero creo que es así, que hay mucho de Evita y la hija ilegítima; cuando una de las hijas cuenta que estaba de novia con un tipo y que cuando se murió no la dejaron entrar al velatorio y entonces, hay algo ahí que es muy sutil, que no se pone políticamente pesado y eso permite que “Carmencita” pueda ser leída de cualquiera de los lados, por donde quiera, no es una mirada en contra o a favor del peronismo, que en una obra a mí me aburre muchísimo, porque tampoco tengo una posición tomada y creo que es un poco lo que hace Patricia, se divierte con esos mundos.

En una versión que se hizo muy fugazmente creo que en Formosa, aparece en “Carmencita” el interior de la casa, hay un adentro y hay un afuera, pero vos decidiste jugar todo en el afuera, a las puertas de la casa materna de las hermanas y eso es una apuesta muy fuerte.

No, el interior no va. Eso me bajó el primer día que leí la obra, es afuera, ella no ingresa nunca. Está ahí afuera y la hermana nunca le abre. Patricia tiene la generosidad de no marcar ningún espacio; si por ahí describía la casa, el interior, hubiese entrado por ahí, pero porque es lo que quería la autora, pero ponerla en un interior iba a aburguesar la escena.

Y eso es muy fuerte, porque la única que abre y cierra esa puerta es la hermana mayor, la otra ni la toca y marca un simbolismo potente.

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Además es una puerta absurda. La obra en cuanto a simbolismos tiene muchas cosas de nuestra idiosincrasia. “Carmencita” me hace acordar a esos textos que son bisagra de nuestra dramaturgia, como “Esperando la carroza” con un humor que no tiene condicionamientos y dice las cosas casi brutalmente, como que los negros lo único que quieren es coger y otras cosas que en teatro no siempre se dice así.

Vos sos de correr riesgos y te gusta pintar climas de época, ¿no?

Me gusta meterme con tiempos distintos, donde había otra palabra y era otra cosa. Las obras contemporáneas están buenas también, pero me gusta siempre como escarbar en otros tiempos.

Vi tu puesta de “Sacco y Vanzetti” en el Cervantes, vi también tu trabajo en “El otro Judas” y en ambas hay un anclaje histórico.

Sí, pero no soy de meterme con la historia, con los hechos históricos, pero para nada me gusta, me aburre todo eso, pero sí hay palabras que siempre me llaman la atención, hay más poesía, creo que el lenguaje de hoy no tiene tanta poesía, como el de Castillo o  también, el que plantea Patricia Suárez en “Carmencita” hay palabras que son hermosas y me gusta también desde lo visual, obliga a que el actor también tenga que trabajar mucho más que en una obra contemporánea. En “La noche a cualquier hora” de Patricia Díaz Bialet, que también está en cartel, si bien no hay un tiempo concreto, hay un cabaret de los años 50 y es eso, el recuperar la poesía para el teatro.

Sí, es verdad, vos volvés a unir  ahí a dos siameses que nacieron juntos, la poesía y el teatro y que uno no sabe bien cuando ni como se separaron.

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Sí, pero no siempre sucede que un hecho teatral sea poético. Y no digo poético porque se diga poesía, es algo que tiene que estar y que cuando no está, hay que buscar ese diálogo que supere el hecho de la actuación, ese diálogo que podamos elaborar, que suene en otro plano, más inconsciente.

¿Y como te llegan a vos los proyectos, la elección de textos? Porque “El otro Judas” hasta que lo tomaste vos y lo llevaste a escena era un texto que estaba absolutamente dormido, “Sacco y Vanzetti” también, después de Kogan que lo estrenó no recuerdo que alguien se atreviera a tomarlo y lo mismo “Los Invertidos” después de Ure en lo 90, vos en el 2011 y ahora.

Llegan de muy diversas maneras. A veces tiene que ver con cosas que me resuenan de mi niñez, como la historia de Sacco y Vanzetti, pero no te se decir en realidad el por qué pero cuando la leí me enamoré, me dije tengo que hacer esta obra, pero ¡¿cómo hago?! porque es otra obra que es inmensa y necesitaba otra estructura y necesitaba que sea en un teatro oficial, me contacté con Mauricio Kartún y a partir de allí fue. Con “El otro Judas” también, casualmente encontré el texto en una librería, lo compré y me fascinó el lenguaje; me pareció un lenguaje poco visto, como el de Marechal, ese doble juego que hacía…  de Abelardo Castillo me conmocionó el lenguaje, la metáfora, la poesía de ese texto. Y con “Los invertidos” lo mismo, cuando la leí me desmayé; me acordaba de la versión de Ure de las publicidades de la obra, tenía 15 años, no era tan chico pero no llegué a verla. También me pasó con Ibsen, hay un enamoramiento que no tiene una lógica.

¿Y cuándo te das cuenta que la obra ya está lista, que hay que subirla a escena y hacerla andar?

Es muy difícil eso, porque la obra se completa en el estreno, a mí me pasa eso, cuando yo la veo el día del estreno, tal cual fue el proceso o no, me pregunto, ¿cómo se ensayaba esta obra sin nada? Siempre hay un proceso de ensayo, pero creo en el trabajo cuando está terminado, pero con todo, porque ahí es la verdad. Mientras tanto es un jugueteo y nada es verdad hasta que estás en la sala con el vestuario, con las luces, con la escenografía, ahí es donde se da la resultante del trabajo, ahí es la verdad.

Vos sos uno de los directores que más ha trabajado en los últimos 10 años y durante ese tiempo se impuso un uso y hasta un abuso del recurso de multimedia en teatro, no obstante en tus obras es un recurso que no he visto. ¿Cuál es tu opinión sobre el uso de multimedia en la escena teatral?

Y lo que pasa es que lo que a mí me gusta del teatro es la ilusión. A mí me gusta que los actores hagan la ilusión y todo el equipo cree esa ilusión en un tiempo y espacio, pero en el tiempo real y la multimedia pone al teatro en un lugar cinematográfico y entra en otro campo que es el de la imagen que no depende del actor, que puede ser siempre lo mismo. Si creo alguna vez que lo necesito quizás lo use, pero disfruto de crear la ilusión en el momento y no tanto pedir a otro plano, porque me gusta hacer teatro a la vieja usanza del teatro. Hay escenografías virtuales, pero por ahora no le encuentro lo bello, porque en un tiempo de tanta virtualidad, mejor algo que sea real.


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