Horacio González analiza la novela “Geriatrikón” de José Muchnik

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geriatrikonHoracio González, sociólogo, escritor, ex director de la Biblioteca Nacional, declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, analiza la novela “Geriatrikón” de José Muchnik recientemente editada.

José Muchnik es un ingeniero, antropólogo, y escritor argentino, autor de más de una docena de títulos, editados en Buenos Aires y en Francia, donde reside desde 1976. En “Geriatrikón” su último trabajo literario, desde el encuentro entre Camila, internada en una residencia para ancianos en Buenos Aires, y Gabriela, joven investigadora francesa, teje una conmovedora historia, asociando humor con crudeza social, sensibilidad humana con profundidad filosófica.

Aquí la opinión de Horacio González sobre la novela “Geriatrikón” de José Muchnik

 

“Primero me quiero referir a dos voces que están en la novela, Gabriela y Camila, la dos son francesas y están en Argentina por diversos motivos y es ése uno de los temas de análisis. El tema del exilio, el desacomodo, el estar fuera de lugar recorre toda la novela y en Gabriela y Camila, lo que hace a vivir en Francia o vivir en la Argentina, tiene que ver con la historia francesa. Camila viene a Argentina enviada por sus padres, en un diálogo incisivo que encontramos en la novela, mitad en francés y mitad en español, porque el padre va a luchar en “la resistencia” y es muerto. El extrañamiento del lugar natal está desde allí presente en toda la novela por una cuestión histórica y política y por una fisura irreparable en la familia, como es la muerte del padre en un acontecimiento notorio.

Otro gran tema de la novela es la familia; como un lugar de resguardo y también de aniquilación, puesto que hay una gran escena final de un asesinato familiar. De modo que la imposibilidad de la familia puede verse desde la vejez y, a su vez, la vejez puede verse como una instancia reivindicatoria.

La novela está hecha desde un plano superpuesto de conversaciones que se escuchan, hay un nudo de conversaciones que hacen al corazón de la novela.

Gabriela también viene de Francia, por razones parecidas, pero varias décadas después y es una antropóloga que se pregunta por la pertinencia de su trabajo y su tarea, que es estudiar un tema que, efectivamente, es núcleo de la novela, que es la vida en un geriátrico. Un tema que la obliga a hacer fichas en diálogo con un profesor que le dice que estudiar el tema de los geriátricos exige de varios casos.

Hay una relación de diálogo entre los dos personajes femeninos que hace a la fuerza de esta novela. Una de ellas viene a la Argentina y pone una pulpería; hay un anacronismo evidente ahí. En esa pulpería se produce el asesinato de un tosco personaje que es el marido de una de ellas. Un asesinato es una gran escena porque hay que madurarlo, prepararlo y nada hace pensarlo de esa persona, tan delicada en la reflexión sobre ella misma. La novela también está hecha sobre grandes monólogos y de ciertos diálogos que no están fijados por el artificio tradicional de indicar quién es el hablante en cada caso, los diálogos se producen sin intervenciones de un tercero en rol de narrador.

gonzalez-2Hay una manera humanística de leerla, porque hay un humanismo y el humanismo lo que hace es darle una lectura como de una tesis y la tesis está en la novela como un problema; el profesor quiere que la alumna haga una tesis y la alumna ve que la vida misma no se puede contener en fichas como haría un antropólogo o un etnólogo. Ante las dificultades de resistencia entre el amor y la muerte, hay un llamado humanístico y no solamente porque se arrumba a los viejos en los geriátricos, sino porque también hay una mirada sobre el mundo, que exclama lo difícil que es vivir y lo dice de muy determinadas maneras. Por lo tanto, podría decirse que sin dejar de ser una novela sobre la dificultad de la vejez, o sea un llamado de atención sobre la senectud y el modo burocrático que es tratado por las familias y la sociedad y hasta de un modo inevitable, porque no es una novela que condene a nadie, también hay un hilo de la vida contemporánea que podríamos decir que es propia de alguien que está desesperanzado, porque el mundo está al borde del abismo, aunque José Muchnik no lo diga así.

Uno de los logros que tiene la novela, es que el autor escucha el hablar de distintas personas y escucha las inflexiones con las cuales hablamos; el primer tema es que las protagonistas son francesas y a veces hablan en francés y el tema del idioma aparece varias veces y se advierte que aunque está escrita en castellano hay un francés que subyace.  Hay otros personajes, como un taxista y un fiambrero que no hablan igual y eso era un problema de la novela contemporánea: ¿cómo hacer hablar a los que hablan? eso se puede resolver haciéndolos hablar igual a todos lo que no implicaría ninguna desventaja para ninguna novela y en caso de Muchnik, no hablan todos igual y no es fácil lograr esos distintos planos el habla. Hay como una primera lonja que es el habla popular inmediata de Buenos Aires, el tuteo, el habla amorosa, el habla íntima… y hay dos o tres lonjas más, que es la reflexión sobre sí mismo, sobre la muerte y demás.

La novela es emotiva permanentemente y eso no se logra fácilmente, es una emotividad construida desde la lengua, por eso escuchar como habla un taxista o como se describen las comidas, exige de un lenguaje específico y un lenguaje se cubre sobre otro. El gran tema de la novela es que las personas hablan y dicen de todo, siendo jóvenes, viejas, hijos, al decir de todo el novelista se ve ante un gran problema: ¿Cómo hago una novela con todos estos desperdicios que encuentro entre lo que escucho y en lo que me cuentan otros que han escuchado hablar por tal o cual cosa? Por lo tanto Muchnik logra un agrupamiento irónico, preciso, ingenioso, con una gracia profunda y es lo más apropiado para los temas que trata aquí. Y de su final podríamos decir que es un final reconciliador y también un tanto irónico. ¿Cómo es vivir en dos países? ¿Cómo es pensar en dos idiomas? ¿Cómo es haberse ido y, sin embargo, seguir estando? Esas preguntas son profundas en la novela y lo son en los dos personajes. Es también una novela de nostalgias y ausencias y nos interroga si la vejez es inevitable o no lo es y, al mismo tiempo, es una novela del desarraigo. Todos estos planos hacen de la novela de José Muchnik una gran novela en la que corre sangre y sabiduría”.

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