JACINTO GRAU; El dramaturgo que se tragó el silencio.

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Cuando el estigma de la mala suerte sólo funcionaba en idioma castellano.

 

 

Por Roberto Famá Hernández

Agradezco la colaboración de mi amigo David Perez Merinero que desde Madrid me facilitó material para este trabajo.

 

En los primeros meses de 1939 Jacinto Grau comienza a pensar, junto a su esposa la actriz  Herminia Peñaranda, la posibilidad de abandonar su exilio en Chile para radicarse en Buenos Aires. En Argentina ya han estado pero poco tiempo, fue en 1923, cuando Herminia integraba el elenco de la compañía Guerrero-Mendoza. Pero ahora han recibido muchos comentarios auspiciosos de parte de amigos residentes en Buenos Aires y Don Jacinto piensa que no será difícil organizar una compañía teatral y estrenar en alguna sala porteña “La Casa del Diablo” que guarda celosamente en su valija, obra dramática que pocos, muy pocos han podido leer y con la que Grau espera conquistar al público y a la crítica porteña. Pero antes de eso, harán una estadía de dos meses en Bolivia.

Del brazo de su amigo, el periodista Carlos Aramayo, autor del libro “Semblanzas de Don Jacinto Grau” dicta no menos de diez conferencias en Cochabamba y otras tantas en La Paz y  recorren varias zonas de Bolivia. Allí se maravilla con el pueblo boliviano, del que dirá alguna vez caminando por las calles paceñas: “este pueblo se ha tragado el silencio” frase que, con los años, definiría su propio destino.

Ya en junio del 39 está en Buenos Aires y el día 21 el diario La Nación en un largo reportaje le pregunta cuales son sus  planes en Buenos Aires y Grau responde:

 “Pienso que acaso puedan interesar, como sucedió en Chile y en Bolivia, un ciclo de disertaciones sobre temas de teatro. Son en total once temas que comprenden los siguientes tópicos: Origen del teatro en occidente; Grecia, nacimiento de la tragedia: Esquilo – Sófocles –Eurípides y Menardo. El segundo tema es: Origen de la tragedia de Federico Nietzsche; concepto germánico de la tragedia griega. El tercero versa sobre “Farsa” Aristófanes; origen de la farsa; Eurípides, influencias de Atenas; mal de la cultura occidental; concepto helénico, concepto grecorromano generadores de toda civilización europea. El cuarto: Teatro de la Edad Media. El quinto: Renacimiento inglés: Shakespeare, poetas isabelinos: Marlowe, Foe y Ben Jonson, reinado de IsabelLord Bacon y ambiente del renacimiento inglés donde se desarrolla ese gran teatro. El sexto: El teatro español; precursores: Juan de la Encina, Lope de Rueda. El séptimo sobre el Siglo de Oro Español: Lope, Tirso, Calderón, Rojas, Moreto, Alarcón. El octavo sobre Teatro Francés: Teatro popular, Milagros franceses. El noveno acerca de franceses: Racine, Corneille, Moliere. El décimo: Teatro europeo contemporáneo, teatro alemán, teatro ruso, importancia moderna del teatro, teatro de masas. Y el undécimo versa sobre cinematógrafo; su inclusión en el teatro; su actual desarrollo, sus futuras perspectivas, su gran importancia y sus diferencias con el teatro y sus afinidades con el arte teatral.

Le preguntan por alguna nueva obra suya y  seguramente un brillo presenta su mirada cuando dice que sí y agrega entusiasmado:

“Es buena, curiosa, fuerte. Mis personajes, como los de Pirandello, se rebelan contra mí  y hacen vida propia. No, no hacen lo que le dicta mi sensibilidad, mi arte, mi inteligencia. El tema de la personalidad es apasionante, pero yo prefiero restituir a la vida lo que es la vida, sin vana literatura.”

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Grau y Azaña

Al lado de Grau ya se mueve “el Sapo” Pablo Suero, personaje al que definió César Tiempo como: “Un alacrán superheterodino y malediciente” y que para entonces era un “reconocido” periodista de Noticias Gráficas, dramaturgo y productor teatral, muy vinculado al “ambiente” tanto en Buenos Aires como en España, siempre dispuesto a sacar ventajas de elencos y dramaturgos necesitados. Suero no deja de palmearle la espalda a Grau y le habla entusiasmado del increíble parecido físico que Grau tiene con Manuel Azaña (presidente del Gobierno de España  y presidente de la Segunda República Española 1936-1939) “La misma poderosa cabeza, los mismos anteojos espesos, la misma mirada relampagueante, gruesos igualmente los labios y una dicción nerviosa, crepitante, recia”  le dice. Pero pese a tantas palmadas y halagos, no consigue que Grau le ceda los derechos de su obra.

Al mismo tiempo, algún alacrán superheterodino y malediciente comienza a hacer conocer en Buenos Aires el chisme madrileño:

“Las obras de Grau traen mala suerte, desgracia para los elencos” “Estrena Grau, teatro Cerrau”  “La compañía de Cibrián puso en Madrid una obra de Grau a pesar que todo el mundo le llamaba insensato por eso y  al estreno uno de los intérpretes se presentó pese a que tenía pulmonía, y pagó con su vida el exceso de profesionalismo. Todos sus compañeros le atribuyeron la desgracia a la influencia nefasta de don Jacinto, renunciando a sus papeles…” 

El martes 11 de Julio a las 22 horas  se llena la sala del Teatro Odeón para escuchar la primera de sus conferencias. El público aplaude entusiasmado y la crítica teatral prolonga esa admiración: al día siguiente se lee en el diario La Prensa: “Es una devota exaltación de la cosa teatral y sus más profundas consecuencias, y una sabia destreza para comunicar esa devoción”

El matrimonio Grau se instala primero en un hotel de la Avenida de Mayo, unos meses están allí y luego, hacia octubre, pasan a ocupar un piso de Av. Corrientes 1115, Piso 5 Dto. “A” en pleno corazón teatral de Buenos Aires. Allí no solamente estarán muy cerca del acontecer teatral, sino que recibirán cómodamente a ilustres españoles amigos que como ellos viven el desarraigo y comparten ideas republicanas. Por allí pasaron, entonces, escritores como Francisco Ayala que en su libro “Recuerdos y olvidos” habla de la fama de “mala suerte” que perseguía a Grau en Buenos Aires y en diferentes tramos dice:

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 “Lo lamentable de esto es que, con todo ello de la mala suerte, el pobre hombre no encontraba manera cómoda -ni siquiera incómoda- de ganarse el pan. Pasaba la del Caín, con ingresos irregulares e insuficientes, en situación de continua inseguridad. Y hasta los incidentes más penosos adquirían un aspecto cómico en los comentarios de las tertulias.” (En otro tramo)  “Jacinto Grau, el personaje cómico objeto de tanta irrisión, era en su fondo una figura patética, llena de interior grandeza y de dolorosa dignidad.” (En otro tramo)    “Pese a ser un personaje un tanto grotesco, ingenuo y algo vanidoso, fue la criatura de más inocente bondad, que se redimió por una muerte ejemplar” 

A las tertulias en casa de los Grau también asistían Alfonso Rodríguez Castelao (político, escritor, pintor, médico, dibujante y uno de los padres del nacionalismo gallego) Juan Cuatrecasas (médico español exiliado desde 1937 en la Argentina;  autor de una interesante obra psicobiológica, antropológica, lingüística, biopsicosociológica y médica)  El poeta y dramaturgo Rafael Alberti, también Alejandro Casona y su esposa Rosalía Bravo, también el crítico Ricardo Baeza, quien era uno de aquellos exiliados “que convierten todo en un calvario, que no encuentran una playa donde asentarse ni un árbol de donde ahorcarse”  y que en 1952 decidió volver a España, aunque fuera más franquista que nunca. Otro de los invitados habituales a casa de los Grau, era  Augusto Barcia Trelles,  abogado, escritor y político republicano español que fuera Presidente del Consejo de Ministros de España. Cunill Cabanellas, que estaba  al frente del Teatro Nacional de Comedias (Cervantes) y del Instituto Nacional de Estudios de Teatro, se contaba también entre los amigos republicanos en casa de los Grau y le abre a Don Jacinto las puertas del Cervantes para que el 16 de octubre diserte nuevamente, pero nada dice de representar allí alguna obra suya.  Es contradictorio pero cierto; Jacinto Grau cuenta con el respeto intelectual de todos sus pares, el público colma las salas donde dicta sus conferencias y  la crítica lo trata con admiración; no obstante no consigue estrenar sus obras que siguen retrasándose por la “mala suerte”.

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Para ese tiempo Guillermo de Torre integraba el grupo fundador de Losada desde agosto de 1938, junto con el propio Gonzalo Losada y Atilio Rossi y cumplía  allí una tarea fundamental (compartida en parte con Pedro Henríquez Ureña) era asesor y encargado de la selección de obras para su publicación. A él le escribe Grau una carta donde le relata su estancia en Buenos Aires, poco fructífera en cuestiones laborales, aunque afirma que ha sido bien tratado por la prensa y por Victoria Ocampo, de la que habla muy bien. Fue el comienzo para publicar; Editorial Losada sería pronto la encargada de multiplicar en miles de ejemplares las obras de Grau en Argentina y aparece una oportunidad para escribir en algunos diarios del interior, lo que alivia un poco su situación económica.

Hubo una noche del 39 en que Grau y su esposa asistieron sorpresivamente a una función en el “Teatro del Pueblo” de Leonidas Barletta, uno de los pilares del Teatro Independiente, llamado también “teatro de arte” que se ubicaba como claramente enfrentado al teatro comercial.  Al terminar la función Grau se presenta ante Barletta, que profundamente emocionado recibe las felicitaciones de Grau, y el pedido de una nueva entrevista porque quería demostrarle su adhesión al teatro de arte,  poniendo en sus manos un texto inédito; “ El cuento de Barba Azul”  Acordaron entonces reunirse a los pocos días y llegado el momento Don Jacinto Grau, debió superar la humillación de leer su obra ante menos de la mitad del elenco, más el electricista y el boletero al que llamaron de apuro para que hicieran presencia por tantas ausencias provocadas por el chisme de la “yetatura” de Grau. La obra finalmente llegó a estrenarse pero hubo una función solamente, la del viernes 17 de noviembre de 1939 y formaron parte del elenco Celia y Rosa Eresky y Manuel Aguiar se encargó de los decorados.

Grau siguió en contacto con Barletta, que al final le ofrece el Teatro del Pueblo para una conferencia abierta que Grau acepta brindar.
El “vía crucis dramático” de Grau parecía terminar, al menos en el teatro de arte, porque pocos meses después consigue estrenar “El hijo pródigo” nuevamente en “El Teatro del Pueblo” sin que le reporte ingreso alguno al autor y en las paginas de “Conducta” (revista editada por El Teatro del Pueblo)  Álvaro Yunque escribe:

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“(…) empujado por la tormenta que azotó y asoló a España, madre multípara de artistas heroicos, hubo de echarse a andar don Jacinto Grau y andando llegó a América. (….) Y ahora Don Jacinto Grau va a estrenar en el “Teatro del Pueblo”, un teatro de artistas que desdeñan el lucro y que por lo tanto no constituye un negocio para los autores. Es decir que Don Jacinto Grau, pobre, desterrado, llega a la cartelera de Buenos Aires, ciudad de los negocios, ciudad donde ser autor comercial es una de las profesiones más lucrativas y lo que se le ocurre es venir a regalarnos una obra que aún no ha sido estrenada en Europa.” (Aquí me temo que Yunque se equivoca, ya que no lo tengo confirmado, pero creo que “El hijo pródigo” ya había subido a escena en 1918 en España)

Jacinto Benavente, premio nobel 1922, muy propio del teatro puramente comercial que Grau desdeña y a muy juicio autor inferior a Grau, se cansa de estrenar en Buenos Aires de la mano de Lola Membrives y, hasta la misma Margarita Xirgu, actriz republicana más que ninguna, prefiere estrenar a Benavente y no a Grau.

Así, entre conferencias, libros y páginas sueltas en algunos diarios, Grau llega a Marzo de 1942. Enrique Guastavino (escritor, crítico, traductor y director teatral, cronista teatral del diario Clarín, autor de Santa Fulvia, La Mujer más Honesta del Mundo, El Médico sin Chapa, El Pan con Amor, etc.) estrena de Erskine Caldwel “El camino del tabaco” el día 12 sobre el escenario del Teatro Marconi, al tiempo que comienza los ensayos para presentar en abril “La casa del Diablo” La obra que esperó más de tres años para poder estrenarse.

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El 9 de abril, con un elenco importante que no tuvo miedo a las supersticiones tan comunes en el ambiente; recordemos a Milagros de la Vega, Rosa Catá, y Carlos Perelli entre otros, se levanta el telón del Marconi, pero  también se levanta la vereda en toda la cuadra de la Avenida Rivadavia por obras de refacción, dificultando el ingreso del público el mismo día del estreno. La crítica divergente, no fue especialmente laudatoria y, contrariamente a lo que esperaba Grau, que era marcar memoria, la obra pasó sin pena ni gloria

“La Casa del Diablo” no podrá considerarse una obra “enorme” pero si muy superior a muchas otras de su tiempo que encontraron mucho mejor eco en la crítica y en el público. Un tercer cuadro donde se escenifica un juicio final, más el hilo argumental a lo largo de toda la obra, demuestra que Grau era diferente, adelantado probablemente para su tiempo, pero como muchas de las obras de Grau (“En el infierno se están mudando”, “Tabarín”  “Bibí Carabé” etc.) muy difícil seguramente de representar acertadamente para las técnicas, recursos y oficios actorales de la época y, probablemente también por eso, era más cómodo hablar de mala suerte, antes que apostar al talento para llevar adelante las obras.

¿La supuesta “Yeta” de Grau, sólo funcionaba en idioma castellano?

Quienes creían en la “yetatuta”, no pensaban en todos los éxitos que le habían dado prestigio a Grau sin ninguna desgracia que reportar:

Ben Amí,  (que luego de triunfar en EEUU y en los mejores teatros de Europa,  estableció una serie de grupos de teatro yiddish, dedicados a montajes de clásicos Yiddish y traducciones de obras importantes en otros idiomas. Llamado “el caballero de la intelectualidad Yiddish”) había pedido una versión en inglés de “El hijo pródigo” que Grau había estrenado gratis en el “Teatro del Pueblo”

El señor de Pigmalión”, escrita en 1921, fue estrenada en París en 1923 por la compañía L’Atelier. La obra fue traducida por Francis de Miomandres y representada por Charles Dullin.  Antonin Artaud, nada menos, representó el papel de Pedro de Urdemalas. Dos años después del estreno en París, el Teatro Nacional de Praga, dirigido por Capek, montó “El señor de Pigmalión” Igualmente en Praga, el Teatro Municipal, montó “El conde Alarcos”. Y en Italia el mismísimo Pirandello llevaba en su compañía la obra de la que hizo grandes elogios, “El señor de Pigmalión” En Polonia también se hizo su montaje, junto con “El conde Alarcos”. Para finalizar “Ryze, primer agente teatral de los Estados Unidos para la época, le ha pedido autorización para traducir y representar toda su obra completa en Norteamérica. Parece que su “mala suerte” no alcanzaba a aquellos elencos extranjeros de Paris, Praga, Roma o Estados Unidos.

En España recién 7 años después que en París, pude verse “El señor de Pigmalión” fundamentalmente porque el contenido de la pieza es ferozmente crítico con las estructuras del teatro comercial madrileño; una razón más, para que la supuesta “yetatura ” de Grau sólo funcionara en castellano, era necesario sacarlo del medio.

“El señor de Pigmalión”  Es sin dudas la mejor creación de Grau, es una farsa excelente e inquietante. No es  una obra psicológica o de estudio de caracteres. Los  personajes no hacen nada nuevo, nada no esperado, pero todo cuanto realizan causa un cierto estupor por mucho que se adivine o se prevea. “El señor de Pigmalión” es también una historia de amor, la frustración de un sueño y la historia de un desencanto. Plantea la vieja y clásica situación del ser creado que se rebela en contra de su creador.

Ojalá alguien quiera rescatarla del olvido y representarla en nuestra cartelera teatral.

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El Señor Pigmalión, la noche de su estreno en Paris

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