“La Piel de Elisa” Una muy recomendable propuesta de “teatro íntimo”

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Una muy recomendable propuesta de “teatro Íntimo” es la “La Piel de Elisa” de Carole Fréchette que, bajo la dirección de Silvina Katz, llevan adelante Dana Basso y Lisandro Penelas con la música en vivo de Miguel Gomiz, en el pequeño bar de Espacio Callejón.

 

Es que la íntima historia de “La Piel de Elisa” ocurre en un bar; ella y él tienen ganas de hablar, de contar sus historias, de mirarse, de encontrarse, para que “La piel de Elisa” no se pliegue, no se arrugue y se vea fresca y lozana como la de él, que es bastante más joven, pero que vive también historias de pequeños fracasos, de grandes desencuentros y de amores increíbles que a nadie importa si existieron o no, pero que se cuentan plagados de detalles, porque lo importante son los detalles que se comparten.

Elisa es como el buen cognac, que se templa al calor de la mano que lo sostiene, que se saborea despacio y al llevarlo a los labios se siente el aroma que sólo le pueden dar los años pasados. Él, en cambio, es como un vino joven, frutado, de aromas frescos, que parece desbordado y de color intenso. La música en vivo del chelo es otra voz que hay que escuchar, un decir diferente, para que todo pase por los sentidos y el público ría, mire y se vea en ellos, cómplices de lo que sucede, en el mágico aquí y ahora del buen teatro.

Carole Fréchette es una destacada dramaturga canadiense, que se ha formado también como actriz, de modo que debe conocer bien los caminos, atajos y escarpadas que debe transitar un actor para poner en pie un texto, no obstante, no lo hace fácil, al menos en su obra más representada en el mundo, que es  “La Piel de Elisa”.  Es un texto que exige una muy amplia gama de matices, de un juego cómplice de miradas entre ella y él y de ambos con el público, de pequeños guiños, gestos y silencios muy breves pero cargados de sentido,  que Dana Basso y Lisandro Penelas resuelven con total solvencia.

Es muy difícil lo que logran acompañados por el chelo de Miguel Gomiz y es algo imposible sin una muy fina y acertada mirada de dirección, en este caso de Silvina Katz. Hay mucho talento y también oficio puesto allí. En el “teatro íntimo” no hay distancia, el público está compartiendo el mismo aliento, la verdad escénica no se puede falsear, no hay espacio para que el actor o la actriz distraigan su concentración, ellos logran atraer y mantener constantes la atención del público todo el tiempo, sobre todo Dana Basso, porque está continuamente en acción y es quien debe atar a cada espectador a lo que pasa y hacerlos cómplices de la historia. Ambos salen más que airosos del desafío. El público disfruta de principio a fin, por eso recomiendo fervientemente este trabajo. Recuerde, tiene una cita íntima, el lunes a las 19, en el bar de Espacio Callejón. Reserve con antelación, la capacidad no es como en las salas convencionales,  después no diga que no le avisé.


 

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