Río Negro: Jorge Onofri, una vida dedicada al teatro

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onofriTitiritero en sus orígenes, tiene una extensa carrera artística con 57 obras puestas en escena. Ve a la cultura como un servicio público que va más allá de banderas políticas.

Desde Cipolletti por EMILIANO RAJNERI

Jorge Onofri es uno de los referentes clave en el ámbito teatral de Cipolletti y del Alto Valle. Su formación comenzó allá por los años 70 en el Colegio Manuel Belgrano, de la mano de “un gran maestro”, explicó refiriéndose a Omar Fossati. Tras orientarse al teatro de títeres con un grupo llamado Ayelén, emprendió una gira por Latinoamérica, en coincidencia con la dictadura militar. “Empecé a ganarme la vida allá”, describió y aseguró que, “cuando comenzás a comer de lo que hacés, es un camino del que ya no se retorna”, confesó con firmeza.

Su currículum denota lo que aportó al ambiente cultural del Alto Valle: fue director artístico de la Escuela de Títeres de Neuquén durante 14 años, luego fue coordinador de Teatro y Letras en la dirección general de Cultura cipoleña para años más tarde, desde el 2011 hasta el 2015, acceder a la conducción del área. De manera transversal, mientras ejercía estos cargos transitó una carrera artística muy rica. Hasta el momento tiene 57 obras puestas en escena, de las cuales muchas han sido ampliamente galardonadas.

Para él, el teatro La Caja Mágica surgió “como la necesidad de un artista que había transitado mucho, que ahora estaba en su propia ciudad y no tenía adonde actuar”. El espació, que inauguró Jorge junto a su expareja, Ileana Brotsky, abrió sus puertas hace siete años y desde ese entonces brindan talleres de teatro, danza y teatro musical, los cuales van adquiriendo complejidad acorde a la edad y a la experiencia que van forjando sus alumnos. Además, dictan seminarios específicos en torno a temáticas que se van concatenando a la actividad escénica, a la cual buscan abordar en todas sus expresiones. “Nuestra especialidad es el arte escénico en general”, resumió.

Uno de los pilares claves para la construcción de este centro cultural fue el Instituto Nacional de Teatro. “Gracias a un proyecto político y cultural, a mi criterio maravilloso, que fue el que se tuvo desde el 2003 en adelante, fue posible que aparecieran subsidios que apoyaran el desarrollo de ese tipo de proyectos”, destacó Jorge y recalcó que su experiencia artística, acompañada con la de Ileana “fue muy rica, e inmediatamente empezó a haber mucha respuesta”.

“Nos lo planteamos como el desarrollo de un proyecto cultural para la ciudad. Es decir: Cipolletti no tenía un teatro, de hecho no lo tiene aún fuera de La Caja Mágica. Nos parecía que era un despropósito”.

A la hora de valorar los procesos culturales y el crecimiento de este ámbito en la zona, Onofri consideró que se “ha avanzado muchísimo en relación a lo que pasaba en los 70 u 80”, alegó y enfatizó su pertenencia a una “gestión que duró doce años” y en la cual habitó desde diferentes puestos pero de forma constante.

Sin embargo, su gran preocupación es “la falta de continuidad en los procesos culturales”. “Es un error enorme cambiar de rumbo atado a las diferentes gestiones. Los procesos culturales van más allá de las banderas políticas. Son un servicio público como lo es el hospital, la escuela o el deporte. Uno no puede dar de baja un plan para embarazadas, por ejemplo”, manifestó con cierto desdén.

Jorge reflexionó sobre su carrera, su pasado y su futuro cercano, recordando sus ambiciones y sus vanidades, y en medio de esa epifanía explicó que con el tiempo se va “dando cuenta de que cada vez tengo más ganas de volver al origen, de volver al títere de guante y a los espectáculos trashumantes, de hacer funciones en los patios de escuelas”, reveló y admitió que “aún sigue todo por hacerse”.

“Me voy dando cuenta de que cada vez tengo más ganas de volver al origen, al títere de guante y a los espectáculos trashumantes”.
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