TEATRO: Algo TurVio (¿O la necesidad de sacar al verdadero ser?)

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turvioAlgo TurVio (¿O la necesidad de sacar al verdadero ser?) con dirección y puesta en escena de sus coautores; Lucas Gingles y Sol Salaberría se presenta en Espacio Templum.

 

 Por Darío Ferrazzano

Lucas Gingles y Sol Salaberría ponen en escena otra obra que te deja pensando por largo tiempo después de verla.  Algo Turvio nos lleva a un recorrido por estados de ánimos opuestos durante los 70 minutos de la obra: hay momentos que generan que nos movamos en el asiento con una sensación de incomodidad, de querer que terminen y a la vez tiene pasajes que deseamos sean eternos.  Paseamos por todos los colores en escena, que acompañan de manera perfecta ese tránsito por los estados.  El rojo en plena oscuridad hace que las escenas intensas lo sean más aún, y el frío azul nos mete de lleno en el interior de las personas que están en ese momento en escena.  ¿Qué sería de la relación de la pareja sin ese juego de luces?: un pasaje más.  Pero el ambiente generado por las luces nos hacen ver más allá de lo que nos muestran, nos impone ver dentro de esos personajes y (sin llegar a develarnos lo que realmente va a pasar) nos hace sospechar que no todo es como lo pintan.

En Algo Turvio cada personaje esconde su verdadero ser, que va develando de a poco hasta llegar a mostrarse tal y como es.  Es una marca de los directores: lograr que nos sintamos identificados.  Ya lo mostraron en Hijo de H y ahora lo vuelven a desplegar.  Cada personaje es un mundo aparte en sí mismo, con su historia y sus secretos que esconden muy celosamente y que no muestran hasta que deben mostrarlo.  Ninguno está ahí porque sí, sino que tienen un propósito determinante en el desenlace.  Son partícipes necesarios.

En Algo Turvio no hay relleno, porque la obra no permite que haya tiempo para ello.  Cada minuto y cada detalle está pensado para terminar encajando en un final que une cosas que pensábamos inconexas.

Los autores nos dejan pensando una vez más sobre las actitudes mostradas, que no son más que pasajes de la vida propia puestos en escena y articulados de manera soberbia.  Sentirnos identificados con uno (o varios) personajes nos lleva a esa introspección de pensarse a uno mismo y a descubrir que quizás seamos capaces de hacer lo que estamos viendo.  El tema pasa por qué personaje nos identifica.  Y eso no deja de ser algo verdaderamente turbio.

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