TEATRO: “Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte” Atrapante propuesta de Gabriela Izcovich

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siempre-1Porque yo sé que el tiempo es siempre tiempo
y que el lugar es siempre y solamente un lugar
y que lo que es actual lo es sólo en cierto tiempo
y para un sólo lugar
Thomas Eliot

Por Roberto Famá Hernández

Miembro de la Asoc. Arg. de Invest. y Crítica Teatral

“Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte” es una atrapante propuesta de Gabriela Izcovich que, sin caer en intelectualismos, nos enfrenta a la realidad siempre apócrifa de nuestros recuerdos, a la inapelable desaparición de las cosas y los seres que conformaron nuestro mundo hasta ayer, sobre todo al alcanzar una edad en la que se tiene ya mucho más pasado que posible futuro.

siempre-abrazoDos amigos de la infancia, al pasar sus sesenta años, deciden ir, acompañados de sus respectivas esposas, a filmar un documental al pueblo de sus infancias. Al llegar se encuentran con que del pueblo ya no queda nada ni nadie, todo fue demolido por el tiempo.

Izcovich no plantea un conflicto de oposición entre los personajes; el conflicto es de los personajes con el tiempo y los recuerdos, los que no pueden perdurarse en ningún film, ni tampoco en la memoria.

Pero Izcovich no se deja atrapar por un discurso melancólico ni desesperanzadamente existencialista, contrariamente utiliza con mucho humor la línea argumental, para construir una inteligente invitación, a vivir saboreando un “presente continuo” donde nada puede salir exactamente como fue planeado, porque todo está ocurriendo en un inasible aquí y ahora, tan cambiante como fugaz.

“Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte”  fue premiada por ARTEI (Asoc. Arg. del Teatro Independiente) que en su concurso a la producción teatral independiente, destaca en todas sus ediciones, que una de las premisas es que el proyecto a estrenarse debe haber sido concebido y creado en función del espacio que lo presenta, (ya que es una presentación conjunta de obra + sala) y “Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte”  no utiliza escenografía alguna, todo, absolutamente todo, es recreado imaginariamente por los actores y actrices que realizan un trabajo realmente excepcional, que requiere no sólo de mucho talento, sino de gran oficio para construir, sobre un espacio absolutamente vacío, todo lo que alguna vez estuvo en su pasado, que ellos recorren con mucho arte y nos vuelven visible lo invisible.

Tuve la suerte de compartir la función con Diego Kogan, que fue uno de los tres jurados de ARTEI, de modo que no podía dejar pasar la oportunidad de pedirle su opinión y esto es lo que dijo:

Te veo aún emocionado por lo que acabamos de ver, pero no quiero dejarte respirar hondo, decime, ¿qué te pareció la propuesta?

Me gustó mucho, sí, en verdad me emocionó verla y me deja pensando.

Desde que vos leíste el texto como jurado de ARTEI, esa primera impresión que deja siempre una lectura, a esta puesta que acabamos de ver, ¿qué se ha sumado? ¿En qué cambió?

Es totalmente distinto. Porque uno lee y se va haciendo imágenes mentales de lo que piensa que va a ver, después ves que el espacio es otro, que los cuerpos son otros, que las voces son otras y entonces, es como una obra nueva. Cuando una obra está escrita tiene toda su perfección, pero le falta el cuerpo y la sangre que es lo que hoy vimos.

Ese cuerpo y esa sangre solamente se la pueden dar actores y actrices con mucho talento y muy experimentados, porque hay una recreación permanente extraordinaria.

Y además es una obra puramente de diálogos, no hay nada más en esos cuatros personajes que esos textos profundos, emocionantes, muy buen trabajo.

Los monólogos de los dos personajes masculinos son una belleza

Sí, el monólogo final es precioso; esos ojos con lágrimas llegan a toda la platea.

Minutos después, es a Gabriela Izcovich a quien tengo frente al grabador y esto es lo que hablamos:

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¿Cuál fue la primera línea de escritura, el primer trazo sobre la página en blanco de “Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte”?

No lo recuerdo exactamente, pero creo que la primer frase que escribí y es la que quedó, es la que dice que uno puede generar una catástrofe con el silencio, porque se puede confundir con sus propios pensamientos, porque los pensamientos hacen lo que quieren, porque tienen autonomía y a veces pueden ser engañosos.

“Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte” está íntimamente ligada a los recuerdos y en un momento, durante la escena en que el personaje, que tan bien interpreta Roberto Castro, ve en otra persona a su madre y le habla como si fuera ella,  pensé viendo la escena, en aquellas personas que sufren el mal de Alzheimer que causa graves problemas con la memoria y los recuerdos se trastocan; ¿pensaste en este mal en algún momento durante el proceso de escritura?

No, la verdad que no, nunca. Pero todo lo que vos recuerdes va a estar transformado, nunca va a ser lo que fue; de hecho, cuando vos volvés a un lugar de tu infancia, tu recuerdo era el de un espacio físico más grande y cuando lo ves es más chico. Los recuerdos se transforman y algo que, en su momento, pudo ser doloroso y triste, con el paso del tiempo se lo puede evocar con una sonrisa porque los recuerdos se transforman. Y en la escena que mencionas, el personaje ahí tiene una especie de evocación, de colocar en una persona presente el recuerdo de su madre, a la que nunca le pudo explicar una cantidad de cosas, como pasa a veces con la gente que desaparece y uno dice, que lástima que no le dije esto, o no tuvimos aquel momento que deberíamos haber tenido.

En tu obra hay algún pasaje donde explícitamente se roza el pensamiento de Thomas Eliot ¿En qué momento del proceso de escritura vino a vos esa evocación?

Al final, sí, apareció muy al final, porque una amiga mía leyó la obra y me contó esa frase que digo al final y luego leyéndolo a Eliot, fue también que puse lo que el personaje le dice a su madre.

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En esta oportunidad – y ya lo has hecho otras veces-  te impones un triple desafío, como dramaturga, como directora y como actriz, de la obra. Sólo se puede hacer eso, si se cuenta con un elenco al que se le tiene mucha confianza, ¿no?

Sí, artistas a los que les tengo mucha confianza, que me miran y me devuelven, actores inteligentes. Yo también me relajo en mi actuación, porque yo sé también que ellos me ayudan cuando yo dudo. Llega un momento donde dejo de dirigir y disfruto de la actuación. En los ensayos, el trabajo es un poco más esquizo, pero mi trabajo de elaboración actoral lo dejo para el final, me tengo confianza como actriz y viene después, al final.

¿Y pedís una mirada ajena sobre tu trabajo actoral?

Sí, además, todos los actores con los que trabajo me ayudan.

Es una hermosa propuesta también para llevarla en muchas giras y festivales, ¿ya lo pensaste?

En verdad, recién estrenamos y esperamos hacer una muy larga temporada, no hay ninguna gira programada, pero donde sí vamos a ir seguro es a Azul, al Festival Cervantino.

Es una obra que fue premiada en ARTEI, ¿ya la tenías concluida completamente cuando te enteraste del concurso de ARTEI?  

Sí, completamente. Fue Roberto Castro quien me dijo del concurso, la presentamos y ganamos.

siempre-elencoMe despido de Gabriela y me quedo con esta última respuesta suya, porque “Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte” es una obra que sólo la pueden llevar adelante artistas con mucho talento y también oficio, pero que fundamentalmente saben amalgamarse y funcionar en conjunto; el teatro es un arte cooperativo y la clave está en entenderse en el plural; la obra la escribió, la dirigió y también la actúa Gabriela Izcovich y, aunque en el concurso de ARTEI sólo se presenta y se premia el texto de una obra, ella lo entiende todo en tercera persona del plural, “la presentamos y ganamos”

Le aseguro que usted también saldrá ganando cuando la vea. Se la recomiendo fervientemente. La cita es en sábado, a las 22.30 en Teatro Noavestruz (se ingresa por el restaurante) Humboldt 1857 (CABA)


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