VANDALISMO PATRIMONIAL en la CASA DE CARLOS GARDEL

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nOTA GENTILEZA DEL PERIÓDICO DESDE BOEDO

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Por Mario Bellocchio

Un día de noviembre de 2016, sin que mediara explicación alguna ni cartel de obra que lo justificase, el Museo Casa Carlos Gardel fue cerrado por el Gobierno de la Ciudad. El sórdido proyecto de “patrimonicidio” se ponía en marcha tras las puertas de Jean Jaurés 735.

De cuando la casa fue de Gardel

“El trabajo genera trabajo, y si hubo un mercado que lo testimonió fue el Mercado del Abasto Proveedor, ‘despensa fantástica de la ciudad gigante’, como lo describió Francisco García Jiménez. A su alrededor la vida cotidiana adquirió un carácter que diferenció notoriamente al sector de los otros barrios de la ciudad. Precisamente en su entorno se encontraba la casa que por su significado de aquí en más albergará el recuerdo del mito mayor de Buenos Aires. ‘–¿Qué puede decirnos de la casa de la calle Jean Jaurés 735? –¿Qué quieren saber? –¿Por qué se desprendió de ella? –¡Porque es enorme para dos personas!…, ‘contesta Armando Defino pausadamente. –A la muerte de doña Berta a la que acompañamos con mi esposa hasta el último instante, como dos hijos…, pensé que lo mejor que se podía hacer con esa propiedad que nos afectaba sentimentalmente con sus mudos recuerdos, era venderla; y la vendí…’ ‘–¿Cuándo y cómo la compró Carlitos? –Fue a bordo del ‘Conte Verde’ en el año 1927. Don José Guerino, el administrador del Teatro Liceo, se lo propuso a Carlitos y él cerró trato sin haberla visto jamás, en veintiocho… ¡O treinta mil pesos!…’ Diálogo entre Roberto Cassinelli y Armando Defino, de la revista ‘Cantando’, del 21 de junio de 196o”.

(…) “En Jean Jaurés 735 está la casa que Carlos Gardel le compró a Berta Gardés, su madre, en el año 1927, con un crédito del Banco Nación. Hay viejas fotografías de la casa en que se ven tres pequeñas jaulas en las paredes existentes entre las puertas de las habitaciones que dan al patio, y otra que muestra a Gardel junto a una de ellas.”.

(…) “Si bien muchas fueron las alteraciones que sufrió la construcción, destacamos un hecho hoy casi desaparecido de las casas porteñas: el azulejado de la pequeña cocina que cubre por completo paredes y techo. Podemos asegurar que Berta Gardés habrá cocinado en esa cocina y nos preguntamos ¿cómo habrá hecho para limpiar los azulejos del techo, luego de años del vapor de caldos y guisos?… ‘El más modesto pucherete hecho por sus manos vale más y es más sabroso que el más caro de los platos del mejor de los hoteles del mundo’, decía Gardel acerca de la comida hecha por su madre”.

(Fragmento de “La casa de Gardel” por el arquitecto José María Peña)

De cuando la casa se hizo museo (2003)

El martes 4 de marzo de 2003 quedaba inaugurado oficialmente el Museo Casa Carlos Gardel. Decía entonces el cronista de La Nación: “Por supuesto que se esperaba una gran repercusión, pero la enorme cantidad de público presente en Jean Jaurés 735 superó todas las expectativas. Vecinos, artistas, asociaciones gardelianas provenientes de lugares recónditos, funcionarios, diplomáticos y gran cantidad de medios se apretujaron para ingresar en la casa, con el afán de apreciar las obras de restauración, pero mucho más para atrapar algunos de los recuerdos de la vida de Gardel junto a su madre, Berta.

La calle era, a su vez, pura fiesta, con un escenario montado, y el público expectante por la música que, más tarde, los haría vibrar al ritmo del 2×4″.

La palabra de los funcionarios reflejaba, a su vez, el origen y la concreción de la casa-museo:

(…) “Se reconstruyeron las paredes que fueron demolidas cuando allí se instaló el local nocturno ‘La Casa de Carlos Gardel’, para restituirle el carácter de vivienda con su patio característico, respetando aquellos ambientes secundarios que hemos comentado y no han sido notoriamente alterados. La fachada debió restaurarse completando y restituyendo aquellos detalles ornamentales que han sido desfigurados, como es el caso de las pilastras, tronchadas en su tercio inferior”. (Fragmento de “La casa de Gardel” por el arquitecto José María Peña)

“Durante muchos años este lugar se usó como tanguería y luego quedó abandonado, por eso la restauración, que comenzó en diciembre último, resultó muy compleja”. (arquitecta Silvia Fajre, subsecretaria de Patrimonio Cultural).

 El director de Aeropuertos Argentina 2000, Guillermo Francos, transmitía la alegría del titular de la empresa, Eduardo Eurnekian, quien había donado $ 500.000 para la compra y las obras de restauración de la propiedad: “Todo surgió de una charla con el jefe de gobierno, Aníbal Ibarra” –manifestaba.

“Se hizo justicia con el Abasto, una zona llena de tango; con la ciudad, que recupera su patrimonio y tendrá un nuevo museo” (Jorge Telerman, secretario de Cultura del Gobierno de la Ciudad).

“Cuando visité la casa por primera vez me desoló la vista de la misma, ya que su estado era calamitoso, casi desesperante y a punto de colapsar.  

Así, hubo que realizar en forma urgente un apuntalamiento preciso, a la vez que delicado, demoler los sectores que se encontraban a punto del derrumbe y ejecutar rápidamente una estructura eficiente y que permitiera respetar las formas originales de la vivienda. Para esto se recurrió a la ayuda de aportes fotográficos, fílmicos, relatos y restos de material que se hallaban en la casa”. (…) ” Tal como estaba previsto en el proyecto, se restauraron y reacondicionaron materiales originales, como algunas carpinterías, herrajes, solados, revestimientos y mesadas”. (Arq. Martín Luis Italiano, Jefe de Obra en la restauración de la casa de Jean Jaurés 735.).

“El proyecto añorado por muchos durante demasiado tiempo, la casa, su rehabilitación y el Museo que habrá de funcionar en ella, han pasado desde el abandono hasta el olvido y la imposibilidad, acordes con momentos de nuestra historia, con esa recurrente desaprensión por lo propio, exasperante manía del irse, ser en otra parte o reconocerse a través del reconocimiento de otros para existir. No me animaría a decir que saldamos una deuda, sí que precisamente en este presente extremo, como diría Carlitos, le pusimos el ‘paco’ a la ilusión y vamos con todo por uno de nuestros grandes sueños. (…) Quienes visiten el lugar encontrarán allí un ámbito que contiene parte de lo que fuera la vivienda original de la familia Gardés y la reconstrucción de aquello que el tiempo y el abandono habían destruido. Recuperamos así un espacio cargado de memoria”. (Mónica Guariglio, directora general de Museos de la CABA).

Cierre y denuncia

Un día de noviembre de 2016, sin que mediara explicación alguna ni cartel de obra que lo justificase, el Museo fue cerrado. El sórdido proyecto de “patrimonicidio” se ponía en marcha tras las puertas cerradas de Jean Jaurés 735.

El vecindario que desde hace 14 años atesora al Museo y su entorno, inquieto por el misterioso cierre, llevó a cabo una protesta en la puerta de Jean Jaurés el 16 de febrero de este año para pedir la reapertura del lugar, ya que consideraban que había pasado demasiado tiempo desde el inicio de obras en noviembre. Desde el Ministerio de Cultura, encabezado por Ángel Mahler de inmediato les respondieron “que los trabajos estaban encaminados”.

La inquietud tomó forma de proyecto de ley a manos del legislador porteño Adrián Camps (PSA), quien el 11 de mayo, haciéndose eco de distintas movilizaciones hechas por los vecinos del Abasto, presentó el Expediente 1428-D-2017 para que el Poder Ejecutivo brindara datos sobre las reformas.

Los fundamentos del proyecto afirman: “Entre las obras que, según los vecinos, se estarían haciendo, se incluye una reforma de la cocina, en la cual se le habría sacado la antigua pileta de lavar; un cambio en los pisos del patio; y la pintura del frente de la casa. Además, indicaron que estaría proyectado construir una cafetería y retirar la histórica puerta cancel”.

El legislador, señalando que “en la puerta del museo no existe cartel alguno que indique la realización de las obras”, generó una denuncia ante la Agencia Gubernamental de Control, bajo el número 00269934/17”.

La nueva “propuesta curatorial”

Finalmente, luego de tantos avatares, tras ocho meses de reformas, reabrió el Museo Casa Carlos Gardel. Según informó el Ministerio de Cultura de la Ciudad, se invirtieron unos 3 millones de pesos. ‘Las refacciones comenzaron en noviembre del año pasado con cambios en la cámara séptica, la bomba de agua, paredes y pisos, ya que había serios desniveles que podrían provocar accidentes entre los turistas, y también se instalaron dos baños, uno para discapacitados’, informaron las fuentes oficiales que agregaron: ‘trabajaron simultáneamente tres equipos de electricistas, albañiles y plomeros’”.

El espanto sobrevino cuando pudo apreciarse la llamada “puesta en valor” de la casa, términos precisos que entienden que se trata de “una operación cultural sobre el bien destinada a la doble estrategia de conservación e interpretación”.

Pero parece ser que el Gobierno de la Ciudad tiene su propio diccionario. En esos ocho meses de desvarío posteriores al infame e innecesario negocio de destrucción, lisa y llana, de patrimonio histórico, había desaparecido la casa, aquella casa…

“Es un homenaje merecido y una gran responsabilidad la que nos exige su nombre”, señalaba Guillermo Alonso, director de Patrimonio, Museos y Casco Histórico de la ciudad de Buenos Aires, en el acto de reapertura, asumiendo  junto a Natalia Scuzarello, investigadora del museo, y Carlos Kofman, director de esta propuesta curatorial, la responsabilidad del “patrimonicidio”. “Se buscó que haya una actualización tecnológica”, indicó Alonso tratando de justificar las dicroicas, la chatura conceptual y la nula interpretación de la conservación patrimonial.

El jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, señalaba a su vez sin sonrojarse: “Haber recuperado este espacio para la Ciudad es una maravilla, con lo que representa Gardel para los porteños. Además en esta zona, donde hay muchos lugares de tango, se ha hecho la peatonal también. Así que es muy lindo haber podido recuperar este lugar”. ¿Recuperar? ¿De quién? ¿De qué?

Los trabajos incluyeron –se informó– la instalación de un nuevo sistema de iluminación led en las salas de exposiciones, nuevos baños, restauración de puertas y ventanas, instalación de un nuevo sistema de seguridad electrónica, colocación de cámaras, sensores de humo y alarmas, renovación del sistema cloacal y acondicionamiento de las paredes y el cielo raso.

 

El Facebook del Museo: https://www.facebook.com/carlitosrgardel/ comenzó a atiborrarse de críticas y quejas sobre esta descabellada reforma. En una de ellas Sebastián Linardi puntualiza con precisión el despropósito:

“Parte del encanto era, justamente, estar en una casa chorizo de esa época, mantenida lo más parecida a lo que había sido en ese entonces. Y donde Gardel había pasado sus días, junto a su madre.

El Museo Carlos Gardel se convirtió en un ‘no lugar’. Un lugar insípido, que podría ser cualquier lugar, de cualquier parte del mundo. Una reforma arquitectónica que solo aplica la estética minimalista hoy imperante. La foto de como quedó, podría ser la del hall de un edificio nuevo de Palermo, o la lavada de cara de otro más viejo, el rincón de una nueva estación de subte, algún recoveco de un shopping, una nueva galería de arte… Quienes tuvimos la oportunidad de estar allí, nos quedamos helados. Porque el museo seguramente necesitaba mejoras. Pero no éstas. Cuando alguien no entiende la sustancia de algo, pasan estas cosas. Esto se encuadra en la pérdida del patrimonio cultural de la ciudad, no en su rescate. Un absurdo, tratándose de un museo”.

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