Virginia Kaufmann en su unipersonal musical “Coro Municipal de Niños” en Pan y Arte

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coroLuego de su estreno en el marco de “Teatro Bombón”, vuelve  Virginia Kaufmann con su unipersonal musical “Coro Municipal de niños”  en Pan y Arte.

 

Virginia Kaufmann interpreta a la directora del coro de niños de un pueblo pequeño quien recibe a una alumna nueva: una indiecita que se transforma pronto en su alumna preferida. Mientras participa del coro, la niña es convocada para cantar en la televisión. Al pasar de los años, la directora reflexiona sobre aquel vínculo, la manipulación del poder, la educación y los maestros. Acompaña con encantadores acordes de arpa: Sonia Álvarez. Dirige con sutil diapasón: Lala Mendía.

Desde su estreno, la pieza ha recibido el Premio Hugo al Mejor Unipersonal Musical 2016. La prestigiosa arpista Sonia Álvarez fue destacada por su labor en Teatros del Mundo y, tanto la obra como Virginia Kaufmann, están nominadas a los Premios Florencio Sánchez como Mejor Musical Argentino y Mejor Actriz en Musical, respectivamente.

Virginia Kaufmann así define su propuesta dramática: 

“Ante una propuesta de obra corta, oriento la dramaturgia a un relato directo, sin rodeos. Sólo alterno presente y pasado, a la manera de flashbacks, para generar profundidad temporal y variables espaciales.

Una directora de un coro de niños, al pasar de los años, relata el vínculo maestra-alumna que tuvo con una indiecita venida del Paraguay. Esta niña, Panambi, representa para ella el ideal de los ideales. Para una maestra que defiende la educación laica y gratuita, la diversidad cultural, pero sobretodo, defiende la educación, una alumna así, que aprende con avidez y que además canta como una diosa, se transformará en su preferida.

Esta directora está lejos de ser la maestra de música perfecta. Si bien es apasionada con lo que enseña e idealista, aún no controla esas mismas pasiones que la hacen, por momentos, llegar al maltrato de sus alumnos, o a generar una tensión que hoy en día, sabemos, es el enemigo máximo de la educación artística.

Contamos a una maestra de música que, si bien su pensamiento ha evolucionado desde Sarmiento, aún no ha llegado a leer ni a entender quizás a un Paulo Freire. Está en camino de una evolución. Incluso pasados los años, reflexiona sobre qué y cómo enseñar, y en sus errores juveniles.

También la música paraguaya cumple un rol en esta obra, pues representa un mundo idílico, de respeto por los pueblos originarios, lo folklórico, lo exótico. Aparece como un mundo a ser respetado y valorado. Por eso, cuando se sucede el concurso televisivo, esta maestra ve y sufre la decadencia que puede surgir de la negación de la cultura. Lo llama “berreta” y es lo opuesto a su ideal. Aparecen aquí el populismo y la demagogia, en ejemplos sencillos y pueblerinos, como parte de lo berreta para esta maestra.

El relato no abandona el rol de directora de coro, puesto que siempre está o dirigiendo al coro o dirigiéndose a posibles alumnos.

Como los personajes de los relatos de Hebe Uhart, es inocente aún en muchos aspectos y está determinada por su condición, pues es una maestra de música en un pueblo pequeño del interior y su entorno también la condiciona. Pero reflexiona sobre su juventud y el pasado, y se cuestiona y se pregunta. Ama el lenguaje, la música y la cultura. Y lo transmite, incluso, desde su propia controversia.

Esta obra es unipersonal y musical. No se puede imaginar sin música. Es el puente hacia la época, el imaginario de la indiecita, los clichés de los coros infantiles y el ideal imaginado”.     

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