Beckett en estado puro. Impecable trabajo de Rita Terranova en “Los Días Felices”

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los-dias“Los Días Felices” la genial creación de Samuel Beckett, puede verse en Teatro El Tinglado, los miércoles a las 20.30, bajo la dirección de Rubén Pires y la impecable labor de Rita Terranova junto a Gerardo Baamonde.

Por Roberto Famá Hernández

Miembro de la Asoc. Arg. de Invest. y Crítica Teatral


Especialmente atento a las abrumadoras didascalias impuestas por el autor, que marcan hasta la acción más sutil y el ritmo de las mismas, la puesta de Rubén Pires protagonizada por Rita Terranova, es realmente insuperable;  porque si la voz y la acción van acompasados a un ritmo preciso, superpuestos sobre el lenguaje exacerbado de color, vestuario, maquillaje, luz y sombra,  amalgamado todo esto en un conjunto  donde nada sobra ni falta, tal como Pires lo logra, es porque lo que estamos presenciando es Beckett en estado puro,  no se me ocurre que se pueda hacer mejor.

El desafío es enorme para cualquier actriz que se atreva a ser Winnie; queda limitada en su expresión corporal por estar hundida en ese montículo, primero hasta la cintura, luego hasta el cuello y encorsetada en las excesivas marcaciones impuestas desde el texto.  Pero Rita Terranova es dueña de un enorme talento y mucho oficio, ella logra transmitir con humor y simpatía el sentir de Winnie, con los gestos de su rostro y los matices de su voz, acertados en tiempo e intensidad; ella logra que prevalezca la poesía, porque Beckett asume en toda su obra, un compromiso casi sagrado con lo poético, lo mágico y lo estéticamente bello y esto está absolutamente logrado en el trabajo de Terranova,  muy bien acompañada por Gerardo Baamonde, que ya ha demostrado conocer a fondo las exigencias de Beckett, también bajo la dirección de Rubén Pires, en “Hacela Corta Beckett” la temporada pasada.

El absurdo de una vida sin sentido, o lo absurdo de pretender encontrarle sentido a la vida, es lo que hace que, a más de medio siglo de su estreno, el drama simbólico  “Los días felices”  de Samuel Beckett, sea un clásico de absoluta vigencia en todo el mundo occidental y, con mayor o menor logro, siempre vuelve a escena.

Winnie y Willie están casados hace… ¿? Nunca lo sabremos. Siguen juntos unidos de una extraña forma, pero siguen juntos- En medio del desierto Winnie vive sus días repitiendo meticulosamente sus tareas, sus pensamientos fluyen entre los planteos que hace de sus circunstancias. Comparte sus inquietudes con Willie que, mientras tanto, se ocupa de ponerse al tanto de las noticias del diario.

Winnie: “.Uno dice Todo. ¿Todo? Todo no. Todo lo que se puede.”

Decir todo lo que se puede decir, pero además ser escuchada, es el deseo de Winnie, porque el no ser escuchada es el sinsentido originario del absurdo (absurdus  prefijo ab- y surdus, que significa sordo) Winnie y Willie se han quedado como sordos porque hablan un diálogo de sordos, sin oír al otro y como no se entienden se apilan una y otra vez las mismas palabras, los días, las acciones, los gestos, los hábitos, todo se repite… porque ninguno atiende ni entiende la existencia del otro.  Beckett exige a sus personajes llevar el lenguaje hasta el accidente, hasta donde no alcance, para refutarlo entonces como medio de comunicación válido y, con el lenguaje inválido, deja al personaje encerrado en sí mismo.

Winnie, con su vestido de seda y su collar de perlas, está atrapada en lo que puede ser un montículo de arena o su propia existencia, bajo una luz cegadora que no cesa, en medio del desierto o de algún “no lugar”, no importa, porque sea en el lugar que sea y pese a verse atrapada allí, ella es optimista, pero tomando al optimismo como un modo de resistencia, Winnie no se quiere dejar vencer por el miedo y la desesperanza, los reproches se convierten en leves suspiros y lucha por conseguir que sus días sean felices, ocupándose de pequeños gestos y acciones meticulosas y cotidianas o rememorando el pasado, mientras que a su esposo Willie tan sólo le interesa leer el diario y obsesionarse con el sexo, complaciéndose con  una postal pornográfica que guarda entre sus cosas. Para el segundo acto Winnie ya está atrapada hasta el cuello, sus acciones cotidianas ya no le son posibles, casi todos los objetos de los que se valía han quedado dentro del bolso y sólo un sugerente revólver permanece a centímetros de su rostro hasta el final de la obra.

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“Los días felices es un símbolo”, dicen que dijo Peter Brook, sin explicar de qué…  Y es que todos los esfuerzos realizados por críticos y literatos para encontrarle un significado único, predeterminado por el autor, a “Los días felices”  han fracasado y fracasarán siempre debido a que no existe tal significado predeterminado, porque la vastedad del mismo es casi infinita. Como toda obra maestra del teatro, permite más de una capa de lectura y esto hace que la obra también sea un claro desafío no sólo para los interpretes, sino también para el espectador que debe dejarse atravesar por esa sensación de intrascendencia opresiva que propone.  Por todo esto es que le recomiendo muy enfáticamente  que vaya a ver este inmejorable hecho teatral predispuesto a sumergirse en una propuesta de Beckett en estado puro. Si la deja pasar, por favor, no me diga después que no le avisé.

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