CINE: “ALIAS YINETH LA MUJER DE LOS 7 NOMBRES” Un documental distribuido con apoyo de la ONU

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“ALIAS YINETH LA MUJER DE LOS SIETE NOMBRES” Un documental de Daniela Castro y Nicolás Ordoñez, distribuido con apoyo de la ONU, que podrá verse en Argentina desde el 8 de marzo, 

 

ALIAS YINETH – La Mujer de los Siete Nombres,nos cuenta la historia de una mujer y sus múltiples transformaciones dentro de un período definido de guerra y dos procesos de paz diferentes en Colombia.

 

 

Su identidad se edifica sobre nombres olvidados. Yineth es el séptimo.

Yinethe es una niña campesina, una joven guerrillera, una madre de clase media, una ejecutiva del gobierno.

Este documental es un retrato íntimo sobre una mujer que a través de la reinvención encuentra la manera para sobrevivir a un país que constantemente le dio la espalda.

La película forma parte del proyecto transmedia “Alias” junto con la película “Alias María”, seleccionada en el Festival de Cannes, Un Certain Regard.

 

Palabras de  Daniela Castro:

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El sentido de contar esta historia surge cuando regreso a Colombia después de 8 años de vivir en Argentina.  Para ese entonces, Colombia se encontraba en un momento crucial, aunque ya conocido para su población: un nuevo intento de diálogo del Gobierno Colombiano con la Guerrilla de las FARC, para así lograr un acuerdo de paz definitivo. 

Todo esto contrastaba con lo que había vivido en Argentina, donde me había encontrado con una sociedad que constantemente invitaba a preservar la memoria, para no olvidarse, para no repetirse.

De esta manera me propuse trabajar únicamente en proyectos que estuvieran relacionados con temas de conflicto y paz.

Trabajando como asistente de dirección en la película “Alias María” me encontré con Yineth; una mujer que no sólo me regaló una dosis de realidad infinita, sino que además me desarmó con su historia, sobretodo porque hizo evidente que a pesar de tener la misma edad que yo, y de ser mujeres,  teníamos realidades contradictorias y no compartíamos casi nada en nuestro destino, por lo menos hasta ese momento.

Encontrar este personaje tan complejo, que se multiplica y transforma una y otra vez en el sujeto que la vida le exige, distorsionando, incluso, su propio imaginario, renunciando al derecho más evidente de la identidad: el nombre; me dio la certeza de emprender con ella un viaje por su memoria y su cuerpo que es el único denominador común que comparten todas esas versiones de Yineth. 

Descubrir una persona de estas dimensiones siempre será un privilegio para un cineasta: que la cámara y el micrófono no deban mentir, ni engrandecer lo que es común o banal.

Conocer la historia de Yineth, y luego entender que  existen posibilidades, que aún estamos a tiempo de reivindicar los derechos de quienes habitan en un país, de las mujeres del mundo, de los hijos de ellas.  Esta es la esperanza que me regala esta película.

En una primera lectura el documental parece tener una impronta bastante nacional pero esta es la historia de muchas de nuestras mujeres latinoamericanas, aquellas que han vivido en su gran mayoría en una especie de marginalidad, en un contexto trastornado, siendo invisibles para gran parte de la sociedad; madres cabeza de familia, trabajadoras exitosas, soldados, guerreras, campesinas y sobre todo sobrevivientes.

En la mitad de este proceso nació mi primer hijo y  no encuentro tanta casualidad en esta sincronía,  de  hecho  es todo lo contrario, pues este hecho no sólo implicó una total transformación de mi cuerpo, mi casa, mi percepción del tiempo, del futuro, sino sobretodo me hizo entender que ahora estaba frente a otra de las muchas mujeres que también a mí me habitan,  reforzó en mí el sentido de que esta historia merecía ser contada, para así tener la posibilidad de pensarme a mí y de pensar a los  otros, a  esa sociedad compleja, pero no obtusa, que necesariamente debe encontrar un sentido común, lo que no significa que en la diferencia no se encuentre su esencia.

Mi mayor descubrimiento: entender que Yineth no sólo era una mujer que le huía a su pasado, sino que además era adicta a él.  Esta contradicción fue la que marcó la ruta.

Y es justamente ese el sentido que me da la fuerza  para hacer una reconstrucción de la memoria de la violencia a través de una historia singular, subrayando además algo que poco se ha contado en nuestro continente: la perspectiva femenina de la violencia y la transformación que esto implica, entendiendo que esta era la única manera de construir un nuevo destino colectivo,  porque al contarnos nuestra propia historia, desde lo más humano,  donde los héroes no son del todo héroes, ni los villanos son del todo villanos, podríamos quizás juntos entender un pasado demasiado reciente, por no decir un presente vigente, y proyectar la esperanza de un futuro distinto, que compromete algo mucho más importante que las naciones y sus territorios:  las personas que lo habitan.

Detrás de una vida llena de malentendidos, impotencia, injusticia y violencia, vemos a una mujer  con una constante sonrisa luminosa;  y a través de ella podemos contar los pasajes más dolorosos y entender que para poder tener la posibilidad de otro futuro debemos reinventarnos y encontrar la empatía para poder entender que el dolor de todos es válido, desde cualquier perspectiva, desde cualquier lugar del mundo.

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