El escritor Demian Konfino, conocedor de la realidad villera como pocos, nos habla de “LA MALA” Una novela negra villera

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El escritor Demian Konfino, con varios libros editados sobre la realidad villera, ha escogido el género negro para narrar los días y las noches de miles de seres humanos que habitan las villas argentinas y no alcanzan a vencer su contexto. El resultado, una novela necesaria y urgente.

 

Once corchazos ponen en jaque la vida de Leo, un pibe chorro que antes de chorro fue pibe. Flor, novia enamorada y narradora buscará la verdad.

Demián Konfino, es escritor, abogado y militante popular. Es profesor titular de “Promoción de Derechos Humanos” y de “Derecho Administrativo” en el IFTS Nº 28 de la Ciudad de Buenos Aires.

En 2010 publicó su primera obra “Hasta el amanecer de Tupacamaria” que fue presentada, entre otros sitios, en distintas ciudades de Cuba, por invitación del gobierno de ese país.

Durante ese mismo año, Konfino recibió el primer puesto en el I Concurso Nacional de Cuentos Cortos (AFIP). En 2012 publicó la novela “Villa 31. Historia de un amor invisible”, obra que fue declarada de “Interés Cultural” de la Ciudad de Buenos Aires por la Legislatura porteña.

Durante los años 2013 y 2014 escribió la sección “Crónica villera” para la Revista Sudestada. En 2015 publicó “Patria Villera. Villa 31 y Teófilo Tapia: Historia de una lucha”, con prólogo de Osvaldo Bayer. En 2016 organizó y presidió el jurado del concurso de cuentos “Quilmes A Contar” del Quilmes Atlético Club.

Conocedor como pocos de la realidad villera, a él entrevistamos para hablar de su último libro “La Mala” y, café mediante, esto es lo que conversamos:

“La Mala” Una novela negra que se corre un poco del canon tradicional de novela negra, porque no está el detective inteligente que descubre la trama

Sí. Ahora hay un auge de la novela negra en Grecia, por un autor Petros Márkaris,  donde su personaje, un comisario, Jaritos, descubre todo. Pero en Argentina sería medio inverosímil que un comisario de la Federal o de la Bonaerense, se ponga a investigar acá y sea el héroe. Aunque exista ese personaje, los hechos comprobables de esas fuerzas, dicen lo contrario, nos dicen que manejan cajas negras, que son fuerzas corruptas, que se vinculan al delito y no sería creíble. Por eso en “La Mala” quien se hace cargo de la investigación del crimen y la lleva adelante es la viuda, Florencia Amarilla, muy joven, casi adolescente, que se hace cargo y va contra todo, soporta amenazas e intenta llegar a la verdad.

Esa búsqueda de la verdad es muy compleja y eso la aleja un poco, al personaje de Florencia, del estereotipo de la jovencita villera.

Sí, es así. Al mismo tiempo es ella la que narra en primera persona, lo que significó para mí un verdadero desafío porque había que llegar a una voz de mujer y villera; para llegar a eso, no teniendo yo ninguna de esas características, me representaba un desafío y una composición que permitiese contar la historia de un crimen, de un pibe chorro, en su propia villa, en la puerta de su casa, desde su mismo territorio. Contar lo que pasa desde la gente que lo conoció, la narración desde ese lugar. Yo podría haber contado la historia desde la voz de un periodista, desde un afuera, desde alguien que lo estigmatiza, pero preferí contar desde esa voz de Florencia Amarilla.

Hay también ahí, desde esa voz una historia de amor en tu novela.

Una historia de amor y una historia social y de delito y de narcos. Quizás la diferencia con otras es el punto de vista desde donde lo estoy narrando, pero al ser una novela negra, lo importante es que sea dinámica, que genere intriga y al lector le despierta las ganas de seguir avanzando en la lectura.

El personaje de Florencia Amarilla es una joven de la villa que lee a Mempo Giardinelli. Vos tenés un amplio conocimiento de la idiosincrasia villera y te pregunto; ¿te inspiró algún personaje femenino, dentro de ese registro, que hayas conocido?

Hay una característica del personaje y es que estudia en una universidad gracias a una “Beca Padre Mujica” que es una beca de la UBA que existió, que en su momento se promocionaba volanteando, casa por casa, para que vayan a estudiar y que le paguen por eso; llegó a haber en ese marco alrededor de cien chicos de las villas que estudiaban carreras universitarias y pude conocer a estudiantes universitarios villeros que, además, de estudiar se preocupaban por mejorar su entorno.

El personaje de Florencia Amarilla es netamente de ficción, si bien yo fui tomando características de personas reales que fui conociendo no está inspirado particularmente en nadie; la composición del personaje es desde verosimilitudes de características que logren armar un mismo mosaico creíble. Así es el personaje de Florencia, estudia derecho en la UBA, tiene sus padres paraguayos, de vida muy dura, con una infancia con mucho cariño, pero muy difícil y que tuvo la posibilidad, en un momento del país que crecía y le daba oportunidad a los sectores populares, de estudiar derecho.

 Diferente es el personaje de Leo, que viviendo en el mismo entorno, es un pibe que está en “La Mala”.

En paralelo se muestran las dos realidades; una persona en el mismo contexto, pudo hacer una carrera universitaria y la otra no. Eso es, de alguna manera, habitual pero la posición de Leo es la más habitual, en un chico, joven, varón, de barrios populares que está tentando permanentemente por “La Mala” El título del libro viene de esa marginalidad, del delito, del narcomenudeo que lo atrapa.

¿Este tema de la marginalidad, de “La Mala” era de alguna manera, algo que te había quedado pendiente de tratar en tu otro libro anterior, “Patria Villera”?

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Sí, de “Patria Villera” y también de “Villa 31” que es un libro mío anterior a estos dos,  que es una novela política donde los personajes principales eran villeros que se organizaban para luchar por la urbanización. En ese libro yo ponderé mucho las grandes virtudes de las villas y del movimiento villero, de lo que se aprende conociendo esos lugares, del acerbo cultural que hay en los barrios populares, la cantidad de activo social, deportivo, político y de organización que generalmente está oculto. Yo pude tener contacto con eso y en mis libros pude visibilizarlo, pero de alguna manera, la marginalidad quedaba a un costado.

Justamente ahora, con todo este debate sobre la despenalización del aborto – claramente estoy a favor del aborto legal, seguro y gratuito –  en ese libro, que es del 2012, narro  lo que era el aborto en la clandestinidad de una villa, lo que era hacerse un aborto con un “partero” que atendía debajo de la autopista y le practicaba un aborto a una adolescente a espaldas de su madre, poniendo en riesgo su vida.

Pero si bien contaba esas cosas, todo el tema de “La Mala” los pibes chorros, los narcos, el delito lo pasaba muy de costado y me pareció que había que hacerse cargo desde una mirada popular y tenía que contarla desde ahí. ¿Qué le pasa a ese pibe chorro? ¿Qué familia tuvo? ¿Cuáles eran sus condicionalidades? ¿Por qué no eligió otro camino? ¿Tuvo posibilidades de elegir otro camino? Muchas preguntas que, por lo general, cuando se mira el delito urbano callejero, se pasa por alto en los medios, cuando es necesario tener esa información para poder sacar nuestras conclusiones.  En definitiva es tratar de ponernos en el lugar del otro.

¿En la lucha por las reivindicaciones villeras hay hoy un legado, una mística “Padre Mujica”?

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Primero, debemos preguntarnos, qué implicó Mujica para las villas de Buenos Aires y de la Argentina toda, lo que fue también el Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo, los curas villeros que se implicaron en la realidad villera, no sólo para llevar el evangelio, sino para transformar las villas en lugares dignos y también lo vinculado en el devenir del país. Mujica era un peronista vinculado a los sectores de la izquierda peronista y en ese marco pedía lo que ya venía pidiendo el Movimiento Villero, que lo antecede y es riquísimo en historia de lucha por dignidad y mejores condiciones de vida, por tener una vivienda digna en el mismo lugar en el que viven desde hace mucho tiempo. Mujica interpreta ese reclamo y lo encabeza a fines de los 60 y principio de los 70, pero el Movimiento Villero es anterior a Mujica y es posterior a él. Es Mujica la cara más conocida del Movimiento pero hay muchos que han puesto el cuerpo, que han desaparecido y que eran cuadros políticos formados y que tenían tanta formación como Mujica. A todos les servía que Mujica fuera la cara porque era una voz muy potente, a la que los medios de comunicación le daban espacio y se encaraba desde ese lugar la lucha por la vivienda digna. Hoy por hoy, el cuerpo del Padre Mujica está en la Capilla Cristo Obrero de la Villa 31 y es un símbolo muy importante, nadie puede atreverse a pasar con las topadoras por allí.

De alguna manera, no todos, pero los curas villeros hoy encarnan el espíritu de Mujica no solamente en el acompañamiento social de los más vulnerables, sino en la lucha política y están los que le dan un perfil de acompañamiento en la lucha contra las drogas, que es muy importante pero no tan jugado en lo político. Para que haya una verdadera transformación social en las villas debe haberla en el país; no habrá urbanización en un país desolado; hay curas villeros que así lo entienden y otros no tan jugados en ese marco. Al mismo tiempo quienes hoy toman las banderas de Mujica para pelear por la urbanización, no son mayoritarios, pero si hay un núcleo importante que sigue la lucha Mujica. En “Patria Villera” cuento la lucha de Teófilo Tapia, que es un histórico de esas batallas.

Los libros aquí citados, los lectores de Anoticiarte pueden adquirirlos por mail a: ventas@ciccus.org.ar o llamando al (011) 4981-6318 de 10 a 17 hs, y acceder a promociones especiales por compra directa.

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