Falleció JOSÉ MARÍA SALORT un extraordinario librero, referente de la cultura teatral

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salortFalleció  José María Salort que supo ser actor en los años 40 y 50 pero ampliamente conocido por ser el dueño de la Librería Teatral, especializada en libros de teatro y dramaturgia que comenzó a funcionar en 1955 de manera itinerante en distintas salas de la ciudad de Buenos Aires.

Salort estudió teatro en el Conservatorio de Artes Dramáticas de la ciudad de La Plata. Se inició como actor en el ámbito del teatro independiente.  En 1955 fundó el Teatro Independiente Cangallo y dormía en el sótano del teatro, no tenía vivienda,  porque todo su esfuerzo estaba en mantener la sala y vender libros de teatro. Luego fundó en 1964 el teatro ABC, más grande, con 300 butacas, luego, cuando lo tuvo que dejar porque no podía ya cubrir los gastos de su mantenimiento, tuvo que ver tristemente, como aquello que él soñó como un reducto cultural,  lo convirtieron en un reducto, pero de cine porno. Fue docente en la Escuela Nacional de Arte Dramático y por eso pudo jubilarse en 1991.

Jubilado con la mínima, se dedicó exclusivamente a la venta de libros teatrales. Su librería funcionó de manera itinerante donde le hicieran un espacio, en La Casona del Teatro, en el foyer del Teatro Nacional Cervantes, en un local ubicado en Corrientes y Montevideo, en Teatro El Picadero y en el hall del Teatro San Martín, cuando Kive Staiff lo valoró y quiso que la librería de Salort, que contaba con incunables, cerca de 600 libros sobre teoría del teatro y cerca de mil libros con obras teatrales estuviera en el San Martín. Un verdadero tesoro que desde 1955 vino comprando, libro por libro, salía por la calle Corrientes y recorría librerías de viejo buscando exclusivamente textos de teatro difíciles de conseguir o descatalogados. Así, la librería de Salort fue el lugar de visita obligado de estudiantes, actores, directores, productores y amantes del teatro, provista de material inconseguible y era visitado por actores y directores del país y del exterior.

Al Gobierno de la Ciudad se le ocurrió cerrar el San Martín para hacer refacciones y lo desalojaron con la promesa que pronto volvería al hall central; le mintieron, las refacciones tardaron años y cuando estuvo al fin “puesto en valor” ni le atendieron el teléfono a Sartori. De modo que ya muy mayor, casi ciego, se dedicó a recorrer la EMAD, las sedes de la UNA y otras escuelas de teatro para ofrecerles a los jóvenes sus valiosos libros por un precio irrisorio; sin hijos fue así, con un carrito repartiendo su valioso legado entre los más jóvenes, los que vienen.

Apena mucho saber que ya no podremos llamar a su teléfono para saber si tal o cual libro, o autor…Apena mucho más saber que desde el Ministerio de Cultura no hayan sabido valorar lo que sabía y ofrecía este hombre. Que en paz descanse.

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