Gratis en el Teatro Colón: La Barroca del Suquía

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Una excelente oportunidad para disfrutar de un concierto en nuestro gran coliseo, con entrada gratuita, y excelentes artistas argentinos.

 Dentro del Ciclo Intérpretes Argentinos del Teatro Colón se presentará, con entrada gratuita, el domingo 23 de septiembre a las 11 hs.en la Sala Principal del Teatro Colón, con dirección de Manfredo Kraemer, la más prestigiosa orquesta argentina especializada en los repertorios barroco y preclásico, La Barroca del Suquía.

Esplendor del barroco instrumental italiano en el siglo XVIII

Durante todo el siglo XVII y con tendencia creciente, Italia exportó músicos y música a todos los confines europeos. De lo primero, un caso emblemático es también el más extravagante: el de Giovanni Battista Lulli, que emigró a Francia y lejos de intentar imponer allí el modelo italiano, mutó su nombre en Jean-Baptiste Lully, acaparó literalmente la escena musical en Versalles (sin duda, una proeza política además de musical), incorporando, perfeccionando y modelando lo existente con su indudable maestría, y dando origen así a una auténtica “escuela francesa”. La lista de italianos que como Lully hicieron carrera lejos de su patria es interminable. Baste aquí citar sólo algunos: Antonio Bertali en Viena, Biagio Marini en Alemania, Domenico Scarlatti en España, Francesco Geminiani en Inglaterra…La exportación de música, de un gusto y un estilo, se produjo de dos maneras: la difusión de compositores italianos en otras partes de Europa a partir de importantes centros editoriales como Amsterdam y Londres; y el viaje de estudios a Italia, especie de peregrinación a la Meca musical que casi de rigor todo compositor no italiano emprendía por iniciativa propia o enviado por la corte que lo empleaba para que se instruyese y regresase a casa puesto al día en “las perfecciones de la música moderna”.

También aquí la lista podría ser larguísima: Schütz, Rosenmüller, Muffat, Westhoff, Charpentier, Leclair… y dos de los compositores presentes en nuestro programa, Avison y Handel.

Antonio Vivaldi, junto con Stradivari quizás el italiano más conocido (el ranking se puede discutir o ampliar, pero es indudable que los dos cumplen un requisito fundamental para la fama imperecedera: están con soltura en boca incluso de aquellos que ignoran sobre ellos casi todo), gozaba ya en vida de una enorme fama en toda Europa. Fuente y origen de ésta fue la edición en Amsterdam, en 1711, de su colección de conciertos “L’Estro armonico”. En ellos, Vivaldi mezcla características tradicionales del concerto grosso con elementos innovadores, típicamente vivaldianos.

Los conciertos de Charles Avison son en verdad arreglos, realizados con la típica franqueza y desenfado de una época todavía ignorante de los derechos de autor, en la que la transcripción de obras ajenas era aún moneda corriente y, en todo caso, un honor para el “plagiado”. Casi todos sus movimientos (doce conciertos contiene esta colección) suponen adaptaciones de las sonatas para clavecín de Domenico Scarlatti (1685-1757). La razón del perspicaz Avison para adaptar los “Essercizi per Gravicembalo” radica sin duda en la amplia popularidad de la música de Scarlatti en Inglaterra en el temprano siglo 18. En palabras de Charles Burney, uno de los primeros historiadores musicales ingleses, “…las de Scarlatti fueron no sólo las piezas preferidas de todo joven intérprete que quería demostrar sus habilidades como ejecutante; fueron además la maravilla y delicia de todo oyente que  poseyese una centella de entusiasmo y fuese capaz de comprender la novedad y la audacia de los efectos producidos por la violación intrépida de casi todas las viejas reglas establecidas de la composición”. El propio Avison, hoy prácticamente olvidado, fue en vida un compositor extraordinariamente exitoso, como lo demuestran los tirajes de las numerosas ediciones de sus obras, sólo comparables contemporáneamente con las de Geminiani.

Uno de los principales centros de difusión del concierto barroco italiano fue la ciudad de Wiemar, donde Johann Sebastian Bach ocupó entre 1708 y 1717 el puesto de organista principal y donde posiblemente conoció los conciertos de Vivaldi, Albinoni, Torelli. Así, el concierto para solista y orquesta estaba ya en pleno apogeo cuando Bach fue contratado por la corte Cöthen. Además de refinada , la corte del príncipe Leopoldo en Anhalt – Cöthen era calvinista y no utilizaban música en sus ritos, por lo que Bach tuvo que dedicarse, paradójicamente, a la composición de música profana, suites, conciertos y música para diversos instrumentos. Allí el Maestro de Leipzig dispuso de una valiosa orquesta con un brillante primer violín , Joseph Spiess, para el que se supone compuso además de los famosísimos Conciertos de Brandenburgo, los tres conciertos para violín solista que se conservan , los catalogados como BWV 1041, BWV 1042 , y BWV 1043. Al contrario que otras obras de este período que eran transcripciones y acomodos de conciertos italianos, el Concierto BWV 1041 es una obra completamente original organizada a la italiana, en tres movimientos, rápido-lentoràpido.

“He aquí la verdad” dicen que dijo Beethoven, cuando poco antes de su muerte le fue obsequiada la edición en cuarenta volúmenes de las obras principales de Handel. Para ese entonces el incondicional entusiasmo de Beethoven por Handel había estado creciendo desde al menos una década. Así, en 1817 dijo que ahora apreciaba más a Handel que a Mozart, y posteriormente en varias otras ocasiones dejó asentado que consideraba a Handel el más grande compositor de todos los tiempos. Vista la innegable influencia sobre Beethoven de compositores “modernos” como C.P.E.Bach o Haydn, tamaña admiración por un músico más bien conservador asombra. Lo que seguramente le impresionó, e impresiona aún hoy, es el instinto infalible de Handel para dotar a su música de energía y de urgencia, y su genio para crear movimientos de perfecto equilibrio y simetría arquitectónica. Prueba de estas virtudes son los 12 Concerti Grossi op. 6, pináculo en la música instrumental de Handel que ha sido equiparado con el “Clave bien temperado” de Bach . Escritos en 1739, en apenas un mes, luego de varios desastres financieros que hicieron zozobrar sus emprendimientos de ópera y peligrar seriamente su salud, dan fe del espíritu tenaz y práctico de su autor. Mientras en el continente el estilo de concierto veneciano en tres movimientos que propagara Vivaldi se había impuesto como modelo, Handel, conocedor del gusto algo anticuado de su público, orientó sus conciertos según los compositores predilectos del género, Corelli y Geminiani, logrando en este restrictivo marco, sin embargo, una paleta estilística extraordinariamente variada y ecléctica.

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