TEATRO: Entrevista a Rubén Szuchmacher, director de HAMLET

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“No es poca cosa que en este momento de gran banalidad, la gente pueda asistir y sorprenderse de una obra que dura tres horas y pasarla bien”

Rubén Szuchmacher es el director, y co-responsable de esta versión junto a Lautaro Vilo, de Hamlet, de William Shakespeare, protagonizada por Joaquín Furriel junto a un gran elenco en Sala Martín Coronado del Teatro San Martín. Hablamos con él sobre los pre conceptos de esta obra, el trabajo con el actor y la importancia de su representación en el contexto actual; aparte de darnos una mirada crítica y polémica sobre la producción teatral en Buenos Aires (ver aparte).

Szuchmacher: “La gente cree que conoce la obra” 

– ¿Qué crees que NO se conoce de Hamlet? o ¿Cuál es el “malentendido” que mencionas en el programa de tu obra?
– La tradición teatral le quitó partes a la obra por su extensión, porque aparece esta idea de “¡uy que plomo!”. También la cultura le construyó una cobertura romántica a Hamlet y en menor medida a toda la obra de Shakespeare. Aparece la famosa película de Laurence Olivier: el héroe romántico en exceso que anda atormentado lentamente en la cámara. Hay una tendencia de volver a Hamlet un héroe del siglo XIX más que un héroe isabelino. Hacer un Hamlet contemporáneo significa cuestionar críticamente el modo romántico de la lectura de la obra, el “modo Lord Byron”. Para los románticos la locura es un valor, mientras que para los isabelinos es un problema y para nosotros también. Hamlet finge su demencia, es una estrategia, finge ser loco porque los locos generaban impunidad. En el quinto acto no hay héroe y ese giro, en nuestra obra, provoca risa en el espectador. La tradición romántica trata de volverlo heroico, pero Hamlet es un “procastinador” y mata a Claudio por error.

Joaquin_furrier_Hamlet_solo_CTBA-2019-Foto-Carlos-Furman.jpg

– ¿Cómo trabajaste las características particulares de tú Hamlet, desde lo actoral, con Joaquín Furriel?– Hamlet es una obra que deberían protagonizar cinco actores, no solo por la cantidad de escenas tan demandantes, sino por la falta de continuidad entre las escenas. En 10 minutos el actor que tiene que decir el monólogo de “ser o no ser” (que es una reflexión emocional), pelearse con Ofelia y darle el consejo a los actores (el momento más ideológico de la obra). El protagonista tenía que entender esto. Cada escena tiene diferentes métodos de escritura y construcción. Es una exigencia actoral distinta, por eso enorme. Joaquín, también por su entrenamiento en cine, podía entender cada escena por separada y no intentar unir una escena con la otra desde lo actoral. Y si intentaba unirlas, fracasaba. Debía tener la energía justa para cada una.

joaquin_furrier_Hamlet_puesta_CTBA 2019 Foto Carlos Furman

– ¿Cuál es la importancia de poner Hamlet hoy? ¿Por qué ponerlo en escena?
– ¿Por qué no? (risas). Me cuesta pensar en eso, pero la idea de hacer Hamlet tenía que ver con esta idea casi mítica que tiene este texto y también con la idea de que Joaquín Furriel volviera al teatro y con algo importante en su trayectoria y en su momento, con un gran desafío.
Hamlet es una obra con marketing propio. Hay que ser muy “maleta” para que no venga nadie. La oportunidad en éste Hamlet concretamente y en este momento histórico, era poner en evidencia una estructura muy compleja que se vuelve muy accesible para mucha gente y esto es toda una posición política, al menos de mi parte y del elenco: Hamlet no es una obra fácil, pero hacemos que la gente tenga un momento muy entretenido sin bajarle un milímetro de complejidad a las cosas; justamente en un momento de la historia argentina en donde todo tiende a lo binario y lo banal. Por eso creo que se transformó en un éxito.

Joaquin furrier loco hamlet san martin teatro

– ¿Cómo sentís que es la recepción del público? ¿No te parece que se intenta hacer una bajada con lo actual o lo literal?
– La actualidad de la obra tiene que ver con lo estético. No es poca cosa en este momento de gran banalidad, la gente pueda asistir y sorprenderse de una obra que dura 3 horas y pasarla bien. Esta puesta rescata lo humorístico de la obra. Beatriz Sarlo, que me sigue desde que yo empecé a hacer teatro, me decía que, lo que le sorprendía, es que “la gente no se ríe de mis ocurrencias como director, sino que se ríe con Shakespeare”

– Aparecen los murmullos cuando se habla de “corrupción” o las risas con la palabra “gato”…
– Ese “Gato” es correcto en la traducción del texto original ¡qué culpa tenemos que al presidente lo llamen así! Me parece que la “experiencia” del teatro es la que se transforma, no la obra; cuando deja de ser un “acto cultural” donde la gente va al teatro a aburrirse y después sale y aplaude como si fuera algo importante. De lo contrario,  acá le pasa a los espectadores y eso se nota en el transcurrir de la obra, cuando están atentos o cuando se ríen al final con la frase “Horacio me muero”. A mí me interesa provocar este tipo de cosas, más que lo explicito. La gente por suerte puede seguir escuchando y creo que hacemos todo lo posible para que esto suceda y no armamos tampoco un espectáculo plomo donde la gente no puede escuchar nada. Mucho menos esas adaptaciones oportunistas: como hacer de Gertrudis una feminista, por ejemplo, o una Ofelia de pañuelo verde. Si la obra es machirula.. ¡es machirula! Hay que seguir adelante y siendo consciente de eso. Si vamos a hacer un cambio oportunista, mejor no hacer Shakespeare.

Ver aparte:

Rubén Szuchmacher: “El teatro independiente se volvió tan legal, que parece el peor de los teatros comerciales”

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