TEATRO: “Yo, Encarnación Ezcurra” en el Teatro del Pueblo

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ezcurra“Yo, Encarnación Ezcurra” la creación de la escritora, guionista, dramaturga, directora teatral y “feminista jungiana” Cristina Escofet, en su 2ª temporada, puede verse en el Teatro del Pueblo, con la interpretación de Lorena Vega, bajo la dirección de Andrés Bazzalo, los domingos a las 18

 

Encarnación Ezcurra, la mujer de Rosas, artífice en la sombras de la Revolución de los Restauradores, es una figura maltratada por la historia oficial, pero de una riqueza evidenciada en las intensas cartas que enviaba a su hombre en el desierto. Nos encontramos con ella en los últimos momentos de su corta vida, recluida en sus habitaciones, obsesionada por el pasado: el intenso amor que la unió a Rosas y el poder que ya la ha abandonado.

La propuesta es una excelente conjunción de talentos;  Cristina Escofet con un texto inteligente, crítico, de aguda ironía, puesto en carne viva por Lorena Vega, que vuelve gozosa cada escena, que tiene un manejo de los tiempos escénicos impecable, que ya resultaba inolvidable en aquella actuación suya en “Salomé de Chacra” y resulta insuperable dirigida ahora por Andrés Bazzalo, dramaturgo, profesor de dirección en la EMAD, que es un verdadero taumaturgo de la escena, que sabe resolver sin grandes escenografías, que no necesita nada para llenar de sentido un espacio vacío, con puestas absolutamente despojadas y público a tres frentes, Bazzalo nos hace ver lo invisible. Sumado a este trío de notables, tres músicos en vivo, que sonorizan cada escena, que es mucho más que acompañar musicalmente, es entender el latido de cada escena y volverlo audible; nada menos que eso.

Nos muestra a Encarnación en un rastreo a través de la correspondencia que mantiene con su amante en el desierto, Encarnación se evoca desde sus fortalezas y va comprendiendo que también sus debilidades forman parte de esa vida que eligió experimentar desde la acción para ser la estratega de su hombre y que, finalmente, desembocó en ser la sombra callada de ese poderío del cual no formaría parte. Fatal paradoja: ser el cerebro y la palabra de Rosas; despojada de palabra propia. Una política de agallas en un momento en que a las mujeres, el orden de lo político les estaba negado; pero también el olfato de que la ambición del poder que no dialoga con sus contradicciones, lleva en sí, el signo de la derrota.

 Nos dice su autora Cristina Escofet:

Algo sucede en escena. Una mujer Encarnación Ezcurra nos interpela desde un recorte del pasado que se hace presente. El tiempo se suspende. Todo es presente. La Negra Toribia está ahí. Nosotros también. Desea escucharse para ser escuchada. El amor y la política en épocas de chuza y bola. Entre la estrategia, la astucia y el silencio. Algo sucede en escena. Un pedazo de historia en la piel de una mujer que entendió como nadie que nacer en estas tierras no implica nacer en una patria. La potencia humana palpable y visceral de Lorena Vega. El marco musical que nos regala ese tiempo de vidalas y refalosas. La luz que cuenta la historia iluminando, dejando entrever. Luces y sombras. La sensibilidad de un director que permite que la escena acontezca y que la cuarta pared desaparezca. Algo sucede en escena. Tanto que se te mete en la piel y sigue sucediendo después de la función”,

 Nos dice el director Andrés Bazzalo

“La figura de Encarnación Ezcurra es largamente vituperada, a lo sumo ignorada por la historia de la Argentina. Sin embargo ella fue protagonista de un momento histórico tan apasionante como esclarecedor de nuestra constitución como país. Momentos de grandes rivalidades, de enfrentamiento entre Unitarios y Federales, de guerras civiles y antinomias. Momentos históricos que nos permiten reflexionarnos como sujetos de la historia. Su figura es notable, inquietante y supo utilizar su inteligencia y lucidez, para sortear desde las sombras las limitaciones impuestas a una mujer en su contexto social e histórico. Fue pieza esencial de la política, mano derecha de Juan Manuel de Rosas y posibilitó su acceso al poder. Con un texto brillante, poético, audaz y no exento de ferocidad nos permite acercarnos no sólo a ella si no, sobre todo, a aquellos momentos de nuestro país, que parecen, de alguna manera, reeditarse continuamente. Antinomias argentinas pasadas y presentes. Y la semblanza de la pampa bárbara. Hombres indómitos. Lucha de intereses. Momentos fundantes. Y una mirada femenina, para una mujer brava e intensa”.

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