TUTE CABRERO Correcta realización de Jorge Graciosi del clásico de Roberto Cossa

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En Andamio 90 se presenta los sábados a las 22.30 una lograda propuesta de Jorge Graciosi sobre Tute Cabrero, de Roberto Tito Cossa, a 50 años de su creación.

 

 

Por Roberto Famá Hernández

Miembro de la Asoc. Arg. de Invest. y Crítica Teatral (AINCRIT)  

 

 

Escrita por Roberto Tito Cossa en 1968, Tute Cabrero mantiene una vigencia absoluta, a pesar de las diferencias de aquella sociedad argentina de hace medio siglo con la de hoy que, en el drama existencial profundo del hombre de ciudad, no ha cambiado tanto y en lo económico tampoco, porque para 1968 se esperaba un crédito del FMI que ayudará a salvar el déficit fiscal, había una inflación que achicaba los salarios, las empresas hablaban de racionalización del personal , mientras la CGT se dividía en luchas internas y Onganía se aferraba al poder.

Tute Cabrero es contemporánea de otras obras memorables de nuestra dramaturgia, como “La Fiaca” de Talesnik o “La valija” de Julio Mauricio, donde el drama  es el ahogo del hombre común, urbano, sumido en una vida rutinaria de oficina, donde todos los días parecen ser el mismo día y se “archivan” los sueños o realizaciones personales, porque “un empleo es para toda la vida”

En Tute Cabrero esta temática aparece también  perfectamente patentizada en la vida de los tres personajes masculinos que comparten la oficina. Pero a diferencia de las otras obras mencionadas, Cossa da un inteligente giro más y hace que esa vida mediocre y rutinaria, se vuelva preferible y salvadora, ante el abismo del desempleo; el miedo a perder la seguridad laboral sepulta el deseo íntimo de libertad y realización de los personajes.

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En Tute Cabrero Roberto “Tito” Cossa parafrasea y relaciona ese juego de naipes,  donde dos siempre se juntan para dejar afuera a un tercero.   De los tres dibujantes de la empresa ALFA uno perderá su empleo por racionalización de la empresa. Un juego de intereses, mezquindades y necesidades de supervivencia se desatan cuando la empresa prefiere que decidan entre ellos cual quedará desempleado.

De Jorge  Graciosi, director de la propuesta, ha dicho Roberto Tito Cossa , que “es su director de cabecera” y agregó: ”Además de existir una gran amistad entre ambos, él respeta mucho el texto, así que yo prácticamente no intervengo en los ensayos, charlamos antes y nos ponemos de acuerdo” En escena se evidencia que Cossa tiene razón, Graciosi no desperdicia una sola línea de texto en ninguno de los artistas del elenco, juega al límite y crea el clima adecuado de cada escena con tal pericia en el manejo del ritmo escénico, que no se me ocurre que se pueda hacer mejor. Una tarea nada fácil, ya que la obra tiene diversos trasvasamientos de tiempos y espacios y debe lograrse que sean fluidos y conducentes sin que aparezcan fisuras en la acción ni se vean los puentes por donde transitan los cambios.

Claro que Graciosi no está solo en la tarea, cuenta con un elenco notable, pero, además, en esta temporada se ha reservado para sí el personaje de Sosa, el más patético de los tres masculinos. Si bien todo el elenco hace una labor más que satisfactoria, me parece necesario destacar la actuación de Rosario Albornoz  como Gladys, porque afronta con total solvencia el personaje más antagónico de todo el resto y diferencia claramente cuál es el juego de opuestos que tiene con cada uno, sin perder frescura y autenticidad y, desde allí, de un modo elíptico, interpela al público.

Desprovisto de escenografía, la utilería en algunos objetos no es la más adecuada, como el inhalador que el personaje de Sosa  utiliza en dos o tres oportunidades que no existía en los años 60 o 70, lo mismo que el vestuario que viste Patricia Durán, que está fuera de época. Acertada la musicalización de la escena y el austero diseño de luces.

La propuesta resulta muy recomendable y se la puede disfrutar los sábados a las 22.30 en Andamio90

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