Una colección privada que fue acumulando tesoros artísticos durante 500 años, se abre al público

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La gran cantidad de obras de arte, que hasta el momento se mantenían ocultas al público, en el Palacio de Monterrey, en Salamanca, se puede visitar ahora recorriendo una docena de salones y diversos espacios.

 

(Fuente ABC Cultura)

Entre tantas joyas de arte se destacan los dos únicos paisajes que pintó José de Ribera, óleos de Tiziano y de Salvatore Rosa o el retrato del III duque de Alba a cargo de Sánchez Coello, así como piezas de porcelana y azulejos de Talavera de la Reina, reposteros con escudos heráldicos, bustos familiares, mobiliario de taracea, muebles barrocos mezclado con piezas italianas y artesonados mudéjares.

El recorrido por este edificio singular y único dentro del panorama arquitectónico y turístico salmantino comienza en el hall, desde donde se accede a través de la escalera principal (decorada con tapices del siglo XVII) al vestíbulo de la primera planta.

Desde el vestíbulo se llega al Salón Verde, con óleos de Manuel Benedito y un escudo nobiliario con el blasón de Acevedo, Fonseca Ulloa y Zúñiga. En la zona, destaca un importante retrato de Santa Teresa de Jesús, del pintor barroco Juan Carreño de Miranda y uno de los tres juegos de llaves con los que se custodia el sepulcro de de la Santa, dada la vinculación de la impulsora de la reforma de la orden de las carmelitas con la Casa de Alba. Además, un documento fechado en 1585 procedente de los fondos del Conde Duque de Olivares titulado «Relación de cómo fue hallada la Madre Teresa de Jesús al tiempo que la trasladaron a la ciudad de Ávila».

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Otra de las estancias es el salón principal de la segunda planta, donde aparecen las dos pinturas principales del palacio: «Paisaje de fortín» y «Paisaje con pastores», de José Ribera, únicos paisajes conocidos del pintor valenciano que vemos en esta imagen tomada por la fotógrafa del ABC Maya Balanya

 

Después, se continúa por el comedor, característico por su artesonado policromado mudéjar procedente de un convento de Guadalajara y dos tapices flamencos del siglo XVII, y un baño decorado con azulejos de Talavera para acabar con el despacho y la habitación donde se alojaba el Rey Juan Carlos en sus visitas a Salamanca.

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